Historia de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Pilas – Conferencia de D. Julio Mayo

Ayer jueves, 10 de mayo, se celebró en la Casa de la Cultura de Pilas una interesante conferencia a cargo del historiador, Julio Mayo, organizada por el Ayuntamiento y la hermandad rociera de aquella localidad sevillana. Ante un auditorio completamente lleno y expectante por conocer las novedades de los recientes trabajos de investigación desplegado por entre diversos archivos, el presidente de la hermandad pileña, don Manuel Anguas, efectuó la apertura del acto. Lo moderó Paco Robles, asiduo columnista de ABC y contertulio en COPE radio en el programa matinal de Carlos Herrera, quien desgranó las cualidades del conferenciante, como máximo experto en los estudios de estos fenómenos marianos de Religiosidad popular, de culto multitudinario, para, a continuación, plantearle una serie de interrogantes relacionadas con diversas cuestiones del pasado.

Comenzó abordándose el periodo fundacional comprendido entre diversos años del último tercio del siglo XVII, a la luz de un documento estudiado por el historiador rociero, Juan Infante Galán, quien aportó unas noticias muy reveladoras sobre la primera etapa histórica de esta corporación rociera. En ella se alude a la participación conjunta del ayuntamiento y clero local, así como el establecimiento canónico en un antiguo hospital, situado junto al templo parroquial de Santa María, aunque finalmente se radicó en la propia iglesia parroquial. El moderador preguntó al conferenciante por la vinculación histórica de Pilas con el entorno del Rocío y este detalló todas las relaciones históricas, geográficas políticas, religiosas, sociales, económicas y culturales que unen a ambos entes desde tiempo inmemorial.

Julio Mayo explicó también el proceso evolutivo del título devocional narrando cómo de Roçinas (desde la Edad Media) pasó a Rocío (mediados del siglo XVII), al tiempo que resaltó la relación primitiva de la imagen con los ganaderos por la protección que la Virgen deparaba sobre las yeguas que entonces se criaban allí cerca de la ermita.

En el transcurso del siglo XVII, el movimiento inmaculista ejerció una importante influencia sobre el fenómeno devocional rociero, pues en 1653 fue cuando el Ayuntamiento e Iglesia de Almonte nombraron a la Virgen del Rocío patrona de aquella localidad onubense, con ocasión del juramento en defensa del origen inmaculado de María. Recordemos también que, desde entonces, el Simpecado es la principal insignia de las hermandades rocieras que concurren a la aldea.

En 1724 se establecieron las primeras normas para la organización de la romería del Rocío, hasta ahora conocidas. Esta información se ha hallado en el litigio que la hermandad del Rocío de Pilas entabló con la de Villamanrique, en 1766, cuyo contenido era desconocido hasta ahora. Todas las hermandades participantes entonces en el festejo romero, junto a la de Almonte, se reunieron en la ermita marismeña y se comprometieron a fijar una serie de criterios por el buen orden de la procesión y celebración romera. Se acordó entonces que aquella hermandad filial que faltase más de dos años de modo injustificado perdería su puesto de orden dentro del evento religioso. En el acta de aquella histórica jornada figura que la hermandad más antigua en aquel instante era la de Sanlúcar de Barrameda. Pocos años después de aquel acuerdo mancomunado entre todas las hermandades, tuvo que faltar la sanluqueña pues en una nómina de las hermandades rocieras recogida en las Reglas de la Hermandad de Almonte, fechadas en 1758, aparece ya en último lugar, puesto al que se relegaría la que incumpliese el acuerdo de concurrir a la romería en Pentecostés.

Pilas interpuso un pleito judicial en los tribunales eclesiásticos de Sevilla contra Almonte y Villamanrique, en 1766, después de obtener la aprobación de sus reglas. Aspiró a hacerse con el primer puesto en el número de orden de las participantes en la función y procesión de la Virgen del Rocío, toda vez que la de Villamanrique carecía de erección canónica dentro de la Archidiócesis hispalense al pertenecer, en aquel tiempo, a la jurisdicción eclesiástica de San Marcos de León. Durante dos años, los de 1766 y 1767, los curas de Almonte tuvieron que calmar el ánimo de los pileños muy pocas horas antes de la salida de la Virgen prometiéndoles que todo se resolvería. Según se testimonia en el auto, el asunto parece que llegó a elevarlo Pilas a la propia Nunciatura española establecida en Madrid.

El conferenciante terminó resaltando la importante huella que la devoción a la Virgen del Rocío posee documentada en Pilas a través de innumerables documentos y partidas sacramentales, tanto de nacimientos, casamientos y defunciones, así como en múltiples mandas testamentarias citadas en documentos notariales.

Concluyó el historiador Julio Mayo exponiendo que el Rocío ha aportado una identidad al vecindario pileño y que toda esta rica tradición ganadera, gracias al Rocío, no ha perdido su esencia. Pilas -terminaba expresando Mayo-, ayer como hoy, sigue contribuyendo a que el Rocío se haya convertido en una manifestación mariana universal y que el pueblo andaluz siga teniéndola por bandera.

Julio Mayo, Paco Robles y Manuel Anguas, Presidente de la hermandad pileña, en la Casa de la Cultura de Pilas.

 



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