Traslado inédito de la Virgen del Rocío a Almonte en 1589

Javi El Almonteño nos envía este gran artículo sobre un traslado inédito de Ntra. Sra. en 1589 elaborado por Domingo Muñoz Bort.

UNA ROGATIVA A NTRA. SRA. DE LAS ROCINAS EN EL SIGLO XVI. DE LA TRANSGRESIÓN RELIGIOSA AL NACIMIENTO DE SU COFRADÍA.(1)

Domingo Muñoz Bort. Universidad de Huelva.

1. Introducción.

LAS LLAVES DEL CIELO. Las rogativas públicas celebradas para calmar los desordenes climáticos fue uno de los fenómenos más relevantes y destacados de la religiosidad popular del Siglo de Oro español, (2) aunque sus manifestaciones se extendieron por todo el occidente europeo desde la Alta Edad Media. Fueron la única respuesta de una sociedad muy sacralizada que dependía exclusivamente de una agricultura muy sensible a los cambios climáticos adversos de un cielo impredecible, a cuyas llaves y puertas sólo tenían acceso las divinidades celestiales, cuya intercesión última era esperada y aclamada por una sociedad carente de recursos técnicos para solucionar las crisis alimentarias y las pandemias asociadas que podían asolar poblaciones enteras. Nadie estaba exento de la protección sobrenatural. (3)

Estas rogativas religiosas estaban perfectamentes organizadas por las instituciones civiles y religiosas de los pueblos y ciudades, pues los desabastos afectaban a todos los estamentos sociales, (4) aprobándose por unanimidad social la procedencia de la iniciativa rogatoria. No obstante, con el discurrir del tiempo y la proliferación de estas manifestaciones, la prerrogativa fue recayendo en los poderes civiles que las proponían ante las adversidades y las confiaban al estamento eclesiástico para su desarrollo procesional y/o litúrgico, (5) como se aprecia en las disposiciones legales (Real Cédula Instructoria de 13 de octubre de 1718, Real Circular de 21 de agosto de 1770 y Real Resolución de 18 de diciembre de 1804), que dictaminaban que no se podía “pasar a práctica de solemnidades, sin que medie la solicitud secular”

1 Este presente trabajo, más que un artículo, es una noticia de un hecho extraordinario ocurrido dentro de la larga historia de la devoción de Ntra. Sra. del Rocío, y forma parte de un estudio mucho amplio que estoy realizando desde hace algunos años en torno al nacimiento y consolidación de la devoción rociera en el marco de la sociedad de la villa de Almonte en el Siglo de Oro. Así pues, se omiten estudios comparados y otros aspectos frecuentes de la metodología histórica. Este artículo se ha publicado íntegro en la Revista EXVOTO, Año IV, No 3 (2014), pp. 71-86.
2 Religiosidad popular, como la define el profesor Cortés Peña, en su acepción más amplia y aceptada, sin entrar en el debate inacabado sobre su definición, concepto o ambigüedad de su vocablo. CORTÉS PEÑA, A. L. “Entre la religiosidad popular y la institucional”, Hispania, vol. 55 (191), Madrid, 1995, p. 1028.
3 EGIDO, T. “La religiosidad de los españoles (siglo XVIII)”, en Actas del Coloquio Internacional Carlos III y su siglo, Madrid, 1990, p. 774.
4 CORTÉS PEÑA, A. L. “Entre la religiosidad popular …, op. cit., p. 1028.
5 BARRIENDOS, M. “La climatología histórica en el marco geográfico de la antigua monarquía hispana”. Scripta Nova. Revista electrónica de Geografía y Ciencias Sociales (53), Barcelona (Universidad), 1999, s/p.

… A pesar de esta normativa, las urgencias de algunos fenómenos climáticos lanzaron a las gentes a tomar las figuras sagradas para procesionarlas sin contar con el beneplácito y autorización de sus titulares eclesiásticos. En muchos lugares, las comunidades campesinas llegaron a otorgar una veneración especial a estas figuras de santos que en varias ocasiones calmaron las peligrosas adversidades, mientras que otras santidades pasaron al olvido devocional al fracasar en reiteradas ocasiones su intercesión. (6)

La mayoría de estas rogativas estaban dirigidas a paliar la sequía pertinente, las acciones pro pluvia, y en otros casos, para frenar tiempos borrascosos, pro serenitate, pues ambas producían cambios en las estaciones e imposibilitaban el normal desarrollo del agro. No faltaron en estos años otros tipos de rogativas para liberar a las gentes de epidemias, plagas, guerras e incluso, garantizar la salud de los monarcas.

Los estudiosos del clima histórico, especialidad multidisciplinar surgida en España en las últimas décadas del siglo XX, con las denominaciones de Paleoclima, Paleoambiente y Climatología Histórica, analizan aquel bajo el denominador de la variabilidad natural del clima. Y curiosamente, sus primeros investigadores españoles utilizaron como una de las fuentes para sus estudios las manifestaciones de las rogativas piadosas, por su abundancia, amplitud geográfica y extensión cronológica. (7) Fruto de sus primeros trabajos fue la periodización de las variaciones bruscas climáticas, imposible de introducir en esta artículo, pero que a modo de resumen, estaríamos hablando de la alternancia de sequías, lluvias, tormentas, inundaciones y heladas dentro como fuera de las estaciones, producidas algunas con alternancia en cortos periodos de entre dos y tres años  (8) de climatología alterada que provocaron la extensión y frecuencia de las rogativas piadosas, a las que el profesor Barriendos las llega a clasificar según su nivel de gravedad en cinco niveles, desde “rogativas preventivas” celebradas en el interior de los iglesias hasta “rogativas de nivel crítico” con peregrinaciones fuera de las poblaciones.

6 PEÑA DÍAZ, M. “Mirando al cielo. Clima y religiosidad en los siglos XVI y XVII”, en Andalucía en la Historia (44), Sevilla, 2014, pp.18-21.
7 BARRIENDOS, M. Climatología histórica de Catalunya. Aproximación a sus características generales (ss. XV-XIX). Barcelona: Departamento de Geografía Física y Análisis Geográfico Regional, Universidad de Barcelona, 1994, Tesis doctoral inédita. RODRIGO, F. S. Cambio climático natural. La Pequeña Edad del Hielo en Andalucía. Reconstrucción del clima histórico a partir de fuentes documentales. Granada: Departamento de Física Aplicada, Universidad de Granada, Tesis inédita, 1994.
8 BARRIENDOS, M. “La climatología histórica …, op. cit., s/p. RODRIGO, F. S. “El clima de Andalucía a través de los registros históricos”, en El cambio climático en Andalucía: evolución y consecuencias medioambientales. Sevilla (Consejería de Medio Ambiente), 2007, pp. 24-41.

Estampa siglo XVI
Estampa del siglo XVI representando una rogativa pro pluvia. Publicado en la Revista ANDALUCÍA EN LA HISTORIA, 44, 2014.

 

2. Las irregularidades climáticas del siglo XVI.

EL CIELO IMPREDECIBLE.
El aumento progresivo de estas manifestaciones religiosas desde la segunda mitad del siglo XIV obedecieron al cambio climático que se operó, al menos en Europa, desde 1350 hasta aproximadamente 1850, periodo conocido como la Pequeña Edad de Hielo, especie de miniglaciación que produjo en Europa una bajada de la temperatura media entre 1 y 2 grados menos de la temperatura media anual de nuestros días. Esto supuso cambios en el régimen de lluvias, cuya distribución fue irregular con respecto a siglos anteriores o en la actualidad; en palabras del profesor Barriendos “lo más visible de este periodo es la sucesión de eventos severos de sequía o de lluvias persistentes, en ambos casos de fuerte impacto en la agricultura”. (9)

9 BARRIENDOS, M. “Variabilidad climática y riesgos climáticos en perspectiva histórica. El caso de Catalunya en los siglos XVIII-XIX”. Revista de Historia Moderna (23), Alicante (Universidad), 2005, p. 20.

Los registros históricos de Andalucía para los últimos años del siglo XVI, según el profesor Rodrigo, utilizando fuentes documentales del impuesto del diezmo cerealista en Sevilla, nos hablan de sequía en la primavera del año 1589 y de heladas entre los años 1588 y 1589; (10) es decir, una sequía larga acompañada de fríos intensos. En las provincias de Huelva y Córdoba hubo falta de lluvias en la primavera de 1587; y en mayo de 1588 en la cercana Lisboa el tiempo era “tan contrario y recio como si fuera diciembre”, escribía el duque de Medina Sidonia al mando de la Armada antes de partir hacia Inglaterra. (11) En sus Anales Ortiz de Zúñiga nos describe que en la primavera de 1589 hubo en Sevilla muchas procesiones y rogativas “así por los temporales, como por los sucesos de la Monarquía”, destacando la procesión solemne de la Virgen de las Aguas celebrada el 19 de abril de aquel año, dando a entender que aquellos temporales eran de sequía y frío. (12)

En la villa de Almonte las sequías se sufrieron seguidas en los años 1588 y 1589, causando una hambruna generalizada entre la clase humilde y en los pobres. En una reunión de sus Justicias del 17 de febrero de 1588, el síndico Alonso Naranjo solicitó dar del pósito municipal harina a las panaderas para amasar y repartir entre “los muchos pobres y necesitados”, acordándose, tras un largo debate, que se diese a veinticuatro panaderas tres fanegas y media a la semana a cada una. En su intervención, el Regidor Juan de Gracia, único que votó en contra, afirmaba: “… porque dando un cahíz cada día no sale a cada casa dos libras de pan, aunque se quiten cincuenta personas que lo pueden comprar … y hay casa que tiene seis y ocho y diez hijos, que ellos y sus padres no se pueden sustentar con dos panes”. (13) Es decir, el reparto aprobado no era suficiente para evitar el hambre general, de la que sólo los labradores hacendados, unos cincuenta, se librarían, pero el resto de las 540 familias restantes, más las viudas y los pobres caerían en el hambre y en las enfermedades.

10 RODRIGO, F.S. “Clima y producción agrícola en Andalucía durante la Edad Moderna (1587-1729)”, en GONZÁLEZ DE MOLINA, M. y MARTÍNEZ ALIER, J. (eds.) Naturaleza trasformada, Barcelona, 2001, pp. 161-182.
11 LINÉS ESCARDDÓ, A. “Las desfavorables condiciones meteorológicas que precedieron al viaje de la Gran Armada contra Inglaterra”, en NIMBUS (1-2), Madrid, 1998, p. 80.
12 ORTIZ DE ZÚÑIGA, D. Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, Sevilla, 1988. Edición facsímil de la de 1795-1796, tomo IV, p. 144.
13 A(rchivo) M(unicipal) de A(lmonte), leg. 2, A(cuerdo) C(apitular) de la fecha citada. Se daban dos “tostones” diarios a cada familia, de un peso de una libra cada uno, (no llegaba a medio kilo) a un precio no superior de 9 maravedíes, tasado por Real Pragmática. 

(14) Al año siguiente, 1589, perdura la necesidad de pan entre las familias humildes y pobres “por la mucha agua que ha habido y falta de molienda”, manifiestan los munícipes. (15) Pero en 1590 también los pequeños labradores no tienen trigo para sembrar y los administradores del pósito se niegan a prestarlo “atento que deben mucho de los años pasados”, en clara alusión a las sequías de los años anteriores (1587-1589), las abundantes lluvias en el invierno de 1589-1590, con pérdidas de cosechas e imposibilidad de devolver los préstamos anuales comprometidos con el pósito. (16)

Las gentes que nacieron en la primera mitad del siglo XVI conocieron un clima más bondadoso, algo más cálido y las lluvias arregladas a sus estaciones; ahora, décadas más tarde, no podrían dar crédito a sus sentidos con estos continuados vaivenes del clima, con sus hambres y enfermedades amenazantes; ya conocían el dicho de que “al perro flaco ..”. Y carentes de otras soluciones, e incluso pensando que sus propios pecados atraían el castigo celestial, acudieron solícitos a implorar el perdón y socorro a sus imágenes santas preferidas, mediante rogativas procesionales y otros cultos litúrgicos. (17)

Los escasos conocimientos de la climatología de la época, basados en la experiencia y recogidos en el refranero popular, ya no servían de previsiones para este nuevo ciclo climático. (18) Sin embargo los “repertorios de tiempos” o cronografías para la predicción del “tiempo”, editadas algunas en la primera mitad del XVI, se pusieron de moda y algunas de aquellas obras llegaron a reeditarse en varias ocasiones, como la Chronografía de Jerónimo de Chaves, cuya última edición se publicó en Sevilla en aquel frío y seco año de 1588. (19)

14 GONZÁLEZ, T. Censo de población de las Provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Madrid, (Imprenta Real), 1829, p. 335. Calculaba la población de la villa de Almonte en 598 vecinos, unos 2.774 habitantes.
15 A.M.A., leg. 2, A. C. de de 8 de marzo de 1589.
16 A.M.A.,leg.2,A.C.de8demarzoyde21demarzode1590.
17 CORTÉS PEÑA, A. L. “Entre la religiosidad popular …, op. cit., p. 1030.
18 Uno de los más conocidos fue la obra de Iñigo López de Mendoza, Los refranes que dicen las viejas, publicado en Sevilla en 1543.
19 GONZALO DE ANDRÉS, C. Meteorología y predicción del tiempo en las cronografías del Siglo de Oro. Meteorología y Climatología Ibéricas. Salamanca (Universidad), 1989, pp. 89-115. 

3. La rogativa a Ntra. Sra. de Las Rocinas de 1589.

LA CALAMIDAD REINANTE.
En los primeros días de un frío mes de abril de 1589, un nutrido grupo de gentes trajeron en procesión a la villa de Almonte, desde su lejana casa y ermita en las marismas, la Imagen de la Virgen de Las Rocinas, para en la Iglesia Mayor de Ntra. Sra. de la Asunción implorarle, mediante rogativas públicas, que trajese las deseadas lluvias por la persistente sequía que asolaba campos y ganados. Esta noticia, muy escueta, se halla contenida en el Libro de Registro de la Escribanía de Diego Dávila, escribano público que fue de Almonte, año de 1589, en un Poder General para Pleitos. He aquí el extracto que nos interesa:

“Sepan cuantos esta carta vieren como nos Juan López Sacristán y Antón de Egea y Diego Romero y Antón Ginés y Juan Jiménez, su hermano, y Andrés García Ligero y Bartolomé García Colchado, y Pedro Martín Barragán y Alonso Díaz y Juan Bernal Palomo y Sebastián García, molinero, y Andrés Cano el mozo y Miguel Pichardo y Alonso Parrado y Martín Pavón, alcalde ordinario; por nos y en voz y en nombre de los demás vecinos de esta villa de Almonte, vecinos que somos de esta villa de Almonte, otorgamos y damos entero poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere y es necesario y más puede y debe valer a Gonzalo Hernández, clérigo vecino de esta villa, y a Bartolomé de Zelada y Juan Pinto, clérigo, y a Juan de Saucedo, procurador en la Audiencia Real de la ciudad de Sevilla y vecinos de ella, que están ausentes y a cada uno y cualquier de ellos por sí insolidum especialmente para que por nosotros y de cada uno y cualquier de nos se puedan presentar y presenten ante el Provisor de la Santa Iglesia Mayor de Sevilla en el pleito y causa que el Fiscal de la Audiencia Arzobispal contra nosotros sigue y trata por haber traído con las demás gentes de esta villa la Imagen de Ntra. Sra. de la Rocinas en procesión; y si fuere necesario prestar por nosotros voz y causión de rato y obligarse sí alguna culpa tuviéramos, pagar lo juzgado y sentenciado y concernir el dicho pleito … [aparato legal]. Fecha la carta en la villa de Almonte en dieciseis dias del mes de abril del año de mil quinientos ochenta y nueve años; y los dichos otorgantes que yo el presente escribano doy fe que conozco a todos, lo firmaron de sus nombres los que saben escribir y los que no saben rogaron a uno de los testigos que estaban lo firme por ellos y testigo, siendo testigos presentes Francisco Hernández Sacristán y Juan García Rojas, vecino de esta villa, y Gaspar Ferre, morador en ella. Martín Pavón [rubricado]. Juan López [rubricado]. Francisco Hernández Sacristán [rubricado]. Diego Dávila, Escribano Público [rubricado]. Sin derechos”. (20)

A simple vista, este hecho nos indica la celebración de una rogativa entre las muchas que se produjeron en toda Andalucía en aquellos años de sequía continuada. Sin embargo, este episodio tan común y generalizado en la sociedad del Barroco español, sociedad sumamente sacralizada y de profunda religiosidad, (21) presenta ciertas características formales que conviene destacar y analizar.

En primer lugar, recalcar que fue una rogativa de las clasificadas como de máximo nivel, rogativa de Nivel Crítico, es decir las calamidades estaban presentes y la población desesperada. Ante tal situación, unas gentes del pueblo, identificados como vecinos de la villa de Almonte, se desplazaron a las inmediaciones del Bosque de las Rocinas a recoger y traer en procesión la imagen de la santidad elegida para la intercesión celestial, en este caso la Imagen de la Virgen del Rocío. Sin mediar la previa consulta y autorización del Diocesano, fue una actitud totalmente trasgresora con el ordenamiento jurídico eclesiástico, y el hecho se denunció ante el Provisor Arzobispal de Sevilla y, éste, a su vez, pasó la denuncia al promotor fiscal de la Audiencia de la Santa Iglesia Mayor de Sevilla. ¿Quién denunció esta irreverencia del pueblo? No nos consta de momento, aunque hemos investigado en el archivo de aquel Arzobispado. Pero los únicos que en Almonte tenían potestad para ello eran los presbíteros Francisco Hernández Pichardo y Juan Pinto, Mayordomo y Visitador, respectivamente de la ermita de Ntra. Sra. de las Rocinas; (22) pero a tenor del poder general visto, hay que descartar a Juan Pinto, nombrado procurador por los procesados. Pero también pudo ser uno de los curas de la Parroquial, o bien el propio Vicario de la comarca residente en Niebla. Según la legislación eclesiástica del momento, también pudo intervenir el Visitador Arzobispal. (23)

20 Archivo de Protocolos Notariales de la Palma del Condado, Sección Almonte, Escribanías de Diego Dávila, año 1589, leg. 7, fol. 100 v.-101 v. El subrayado es mío.
21 CORTÉS PEÑA, A. L. “Entre la religiosidad …, op. cit., pp. 1027 y 1029.
22 MUÑOZ BORT, D. “El Ayuntamiento de la Villa de Almonte y la expansión de la devoción a la Virgen del Rocío (Siglos XIV-XX), Revista ExVoto, (Hermandad Matriz de Almonte),Vol. 2, Año III, Sevilla, 2011, pp. 16-17; y Vol. I, Año II, pp. 28-29.
23 RODRÍGUEZ GAMARRA, A. Constituciones del Arzobispado de Sevilla. Sevilla, (Imprenta de Diego López), 1609, Libro V, Instrucción de Visitadores, número 71.

Parte del documento notarial donde consta el traslado de la Virgen de Ntra. Sra. de las Rocinas, fechado
Parte del documento notarial donde consta el traslado de la Virgen de Ntra. Sra. de las Rocinas, fechado en Almonte en 16 de abril de 1589. Cortesía del Archivo de Protocolos Notariales de La Palma del Condado ( Vid. renglones 13 y 14).

 Salvo nuevos hallazgos documentales, pensamos que este pleito sería archivado, pues no sufrió daños la Imagen, no constan que se produjesen escándalos y su ritual no atentaba contra el dogma de la Fe Católica, tan perseguidos por el concilio de Trento. (24) Y en todo el reino y en la propia Sevilla, la muchedumbre tomaban las imágenes de los santos y las procesionaban por las calles ante las adversidades; no eran acciones extraordinarias ni excepcionales. (25) En cuanto al Ayuntamiento, el poder civil, nada se comenta de este asunto en sus reuniones de gobierno, ni antes ni después de la rogativa; actitud muy distinta de la mantenida con los traslados de los siglos posteriores, donde el Ayuntamiento tomaba la iniciativa y corría con los gastos materiales y rituales religiosos.

Lo más concluyente de esta novedad es que estamos ante el primer traslado documentado de la Imagen de la Virgen del Rocío en el siglo XVI; lejos de las incertidumbres que nos producen ciertas afirmaciones lanzadas sobre hipotéticos traslados sin ningún rigor científico en la larga tradición de las Venidas de la Virgen. También es la primera vez que un Traslado de la Imagen de Ntra. Sra. del Rocío ha sido analizado en todas sus facetas: nivel de alarma social, posicionamiento de las instituciones locales, estamentos sociales participantes, extracción social e individual de los organizadores, poder de convocatoria, estatus devocional de la santidad intercesora elegida y resultado de la rogativa.

Pero convendría ahora dilucidar si fue esta ocasión la primera o una más en su historia. Cuando llegaban los primeros pobladores cristianos allá por los lejanos años de 1330-1335, la ermita ya existía en aquella encrucijada de caminos, frente a un embarcadero y al bodegón de Juan Freyle, lugar de tránsito y estancia de gentes, cuando el lugar de Almonte se poblaba de cristianos, se construía la primera Iglesia y se constituían las primeras cofradías religiosas. Legados testamentarios en los siglos XIV y XV advierten de una devoción antigua y latente a la Imagen de la Virgen de Las Rocinas. Estos datos interfieren y no apoyarían una hipótesis de “primer traslado” aquel del año 1589. En sentido opuesto, la estabilidad y bonanza climática de los dos primeros siglos (1350-1550) dentro de la llamada “Pequeña Edad de Hielo”, aunque no faltaron situaciones catastróficas puntuales importantes (desvíos climáticos, episodios pestilentes, terremotos y heladas entre 1500 y 1550 en la geografía de Andalucía); periodo éste donde se registran las primeras rogativas religiosas, sobre todo en las medianas y grandes ciudades, especialmente en el Mediterráneo español. (26)

24 SAAVEDRA, P. La vida cotidiana en la Galicia del Antiguo Régimen. Barcelona, 1994, p. 302.
25 En Sevilla en el año 1586, “Sucedió en el día del Apóstol San Andrés …. ante la amenaza de una espantosa avenida tomaron un zapato del niño de la Virgen de las Aguas y tocaron las aguas por la parte de Almenilla … y el río comenzó a menguar”. BORJA PALOMO, F. Historia crítica de las riadas o grandes avenidas del Guadalquivir en Sevilla desde su reconquista hasta nuestros días. Sevilla, 1887, p. 76.
26 Muy bien estudiados por LINÉS ESCARDDÓ, A. “Adversidades meteorológicas en España en el tiempo de Carlos V”, en Carlos V y su tiempo. Actas del Congreso Beresit III, Toledo (Archivo Municipal), 2002, pp. 419-430. Seis rogativas se produjeron entre 1500 y 1550, pero sólo dos “pro pluvia” y una “pro serenitate”; y siempre en las medianas y grandes ciudades.

También juega a favor del primer traslado de la Imagen de Ntra. Sra. del Rocío, la propia ilegalidad de este traslado, que hubiera pasado inadvertido, al haber sido otro más en el tiempo y no transgresor con el estatus eclesiástico o civil. Pero resultó que la rogativa fue un éxito y en el otoño e invierno de 1589-1590 llegaron las lluvias y abundantes, tal como hemos señalado arriba. A partir de aquí, las autoridades civiles y, sobretodo, las eclesiásticas, en Almonte y en el resto de la geografía española, intentarán controlar estas manifestaciones de religiosidad popular o devoción local; (27) tal como sucedería con el traslado de 1607 y siguientes. La fecha de este traslado, el éxito de la intermediación celestial de la Imagen de Ntra. de Las Rocinas y el cambio de actitud de las autoridades civil y religiosa en el inmediato traslado, me inclinan a pensar que este traslado tiene garantías de ser el primero de su historia. Avalando también esta hipótesis, es la actuación indiferente del gobierno local ante esta rogativa espontánea de la muchedumbre, aunque algunos de los participantes tuvieron responsabilidades políticas antes y durante aquel acontecimiento religioso, como veremos más adelante.

27 MIRABENT i CUCALA, M. “Pregariès públiques a la Barcelona del segle XVIII”, en Actes del Primer Congrès d’Histórie Moderna de Catalunya, Barcelona (Diputación), Tomo II, p. 491. Cit. en CORTÉS PEÑA, A. L. “Entre la religiosidad …, op. cit., p. 1034.

Y una última cuestión sería llegar a esclarecer por qué aquellas gentes eligieron la Imagen de Ntra. Sra. de Las Rocinas y no otra cualquiera de las existentes en el pueblo de gran fervor devocional. Sólo en cuanto a imágenes de vírgenes existían las de Santa María de Gracia, Ntra. Sra. de La Concepción, Ntra. Sra. de La Soledad, Ntra. Sra. de La Asunción y Ntra. Sra. del Rosario, perfectamente organizadas con sus cofradías. Ante semejante elenco de divinidades, nos surgen dudas. ¿Fue un ensayo popular probar por primera vez la capacidad y éxito de la intercesión de Ntra. Sra. de Las Rocinas, con los riesgos futuros que esto suponía para la continuidad de su devoción? ¿O más bien ya se conocía de antaño su competencia celestial en el remedio de calamidades similares, quizás con rogativas en su propia ermita, que garantizaban el poder de convocatoria y de alguna manera el éxito perseguido? Estos interrogantes tendrán que esperar nuevos y fehacientes hallazgos documentales.

Pero ya inmersos en estos asuntos, vistas las numerosas mandas testamentarias a Ntra. Sra. del Rocío que tenemos constatadas desde el año 1562 y que por estos años finales del siglo XVI encontremos “Rocío” como nombre de pila de una almonteña, nos ayuda a poder confirmar la existencia de una fuerte devoción hacia aquella Imagen de María tan alejada de la villa de Almonte pero no de la espiritualidad de los almonteños. La propia transmutación de su advocación de Rocinas a Rocío producida a intervalos en los años centrales del siglo XVII, está íntimamente relacionada con la imploración de “las aguas”. Hipótesis que también puede avalar la existencia de abundantes aguas superficiales en el entorno de su santuario durante todos los meses del año, aguas más abundantes que en siglos posteriores, formando casi una isla por aquellos años del siglo XVI; el espacio sagrado de la Virgen de Las Rocinas siempre rodeado de aguas y el campo de Almonte en ocasiones muy seco para el pan, las huertas y el ganado. Parece coincidentes que en muchos lugares de la geografía española algunas imágenes santas cambiaron su advocación por la de “Aguas”, por su éxito contra la sequía y en nuestro lugar, por la de “Rocío”, también intercesora de la lluvia necesaria.

4. Los actores del traslado de 1589. (28)

LOS HOMBRES DE LA VIRGEN.
Por el documento principal aportado, aquel grupo de denunciados, quince hombres, fueron acompañados por una muchedumbre de vecinos, como bien deja manifestado el propio documento, “en nombre de los demás vecinos”, y en la otra frase de “haber traído con las demás gentes”. Es decir, no fue una comitiva, sino un amplio sector de la población quien participó en la ceremonia de la procesión de la Imagen de Ntra. Sra. del Rocío aquel día de abril; pero no podemos cuantificar dichos asistentes. Sí hemos rastreado a los denunciados a través de los documentos notariales que en su día rubricaron ante los escribanos públicos de la villa de Almonte y en el Archivo Municipal; y estos son los perfiles sociales, políticos, económicos e incluso religiosos de algunos de ellos.

Juan López Sacristán. Casado con Antona Hernández. Vivía en la plaza pública, antiguo molino de “Plastán”, linde con la casa y escribanía de Fabián de Cabrera y casa de la capellanía de Cristóbal de Valladolid. En 1577 fue nombrado Alcalde de la cárcel pública por el Gobierno de la villa. En 1582 fue también Alguacil del Concejo y responsable de reloj de la Iglesia, propiedad del Ayuntamiento, año en que se detectó una epidemia de peste en Sevilla y Villamanrique. Labrador mediano propietario, tenía una huerta y colmenas en El Cañaveralejo. Llegó a ser prioste y hermano mayor de la Cofradía de Ntra. Sra. de La Soledad.

Antón de Egea. Casado con Elvira Larios. Labrador mediano. Vivía en calle Concepción en una casa que tenía un tributo anual de un ducado que pagaba a la ermita de Ntra. Sra. de las Rocinas y otra casa en calle Concepción, también con tributo a la cofradía de la Vera Cruz. No sabía escribir.

Juan Jiménez. Su segundo apellido, Jerezano. Casado con Catalina Díaz. Pequeño labrador propietario. Tío político de Martín Pavón. Fue cautivado por moros en las playas de Almonte en el verano de 1594. Podía tener intereses económicos en las importantes pesquerías del litoral almonteño.

Diego Romero. Casado con Teresa Díaz. Tuvo tres hijos varones. Vivía en la calle Sevilla, en casa de su propiedad. Labrador hacendado propietario de bodega y lagar de vino. En 1562 fue el arrendador del impuesto sobre las carnes de la carnicería pública. En 1565 abastecedor de la carnicería pública. Se dedicaba al negocio de las pieles. En 1578 fue nombrado Alcalde Ordinario por el duque de Medina Sidonia por el cupo de los “caballeros contiosos” (hacendados), cargo que repite en 1579. En el año 1582 es Mayordomo del Ayuntamiento. En 1585 fue uno de los responsables del empadronamiento del pueblo para el cobro de la moneda forera, cargo delicado y de responsabilidad real. En 1589 fue nombrado por el Ayuntamiento Fiel de la Renta de la Mayordomía. Hombre muy religioso, era hermano de las cofradías de Santa María de Gracia, de la Sangre de Jesucristo, de San Bartolomé, de San Sebastián, del Santísimo Sacramento y de Ntra. Sra. de Concepción. Hizo testamento en 1588 pero no murió hasta 1591.

Bartolomé García Colchado. Casado con Leonor Rodríguez. Vivía en calle Las Luisas (hoy Antonio Machado). Era hortelano y arrendador de la llamada Huerta de Tirado en calle Las Luisas, de dos huertas al Río de los Cantos (Camino de Niebla; una de ellas de Pedro de Gauna), y de tierra de arboleda viña y olivos. Junto a su casa vivía Andrés García Ligero.

Andrés Cano “el mozo”. Casado con Inés Manuel. De oficio albañil, al igual que su padre. Poseía alguna tierra y arrendaba otras para sembrar de cereal. En septiembre de 1594 y como albañil reparó el almacén que la Parroquia tenía en calle Sevilla. Vivía al final del callejón de La Faltriquera en la callejuela que salía al Valle de Santiago. Su hijo, Francisco Martín llegó a ser también albañil, al igual que su otro hijo
natural, Andrés Cano, a “quién crió en su casa” Otorgó codicilo testamentario en octubre de 1595.

Miguel Pichardo. Vivía en la calle Niebla esquina calle de Antón Naranjo, (entre las calles Candelaria Coronel y Niebla). Pequeño labrador propietario de una viña, una huerta y colmenas. Casó en primeras Nupcias con María Gómez y en segundas con Juana Domínguez. Tuvo ocho descendientes, cuatro hijos y cuatro hijas. Hizo testamento en mayo de 1598. No sabía escribir.

Martín Pavón. Hijo de Martín Pavón y de Luisa Suárez. Casado con Juana de Jerez. Labrador hacendado propietario de tierras de sembradura, viñas, huertas, molinos y diversas casas y solares en el pueblo. Vivía en la calle Niebla. Fue encargado de la Carnicería. Arrendaba diversas dehesas del Ayuntamiento para el belloteo de su numeroso ganado de cerda. Negociaba con los curtidores y les abastecía de pieles. Arrendador de algunos diezmos del Arzobispado de Sevilla. Era diputado de la cofradía de La Sangre de Jesucristo. Fue Alcalde Ordinario en los años 1589 y 1599. Sus hijos, Martín Pavón, Juan Pavón, Alonso Jiménez, clérigo, y Luisa Suárez.

Andrés García Ligero. Vivía en calle de Las Luisas (hoy Antonio Machado)

Pedro Martín Barragán. Labrador. Era Diputado de la cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.

Juan Bernal Palomo. Casado con Marina Gutiérrez. Falleció en el año 1591. Pudo ser arriero al igual que su hijo Juan Bernal.

Sebastián García. Molinero propietario. Falleció en 1593.

Alonso García Parrado. Casado con Marina Alonso, mujer que sirvió en las casas de Juan de Medina y de Pedro Bejarano, secretario del Ayuntamiento.

De Antón Ginés y Alonso Díaz, nada sabemos.

28 – La información sobre estos hombres se han obtenido principalmente de los documentos notariales de Almonte entre los años 1562 y 1599; y de las actas capitulares del Ayuntamiento de los mismos años. Estamos hablando de cientos de documentos, por lo que omitimos las referencias documentales a pie de página por problemas de espacio de este pequeño artículo.

Como observamos unas gentes que pertenecían a distintas profesiones y a distintas clases sociales; grupo representativo de las otras “gentes” y “vecinos” que participaron en aquel traslado de abril de 1589.

En la esfera política municipal, destacar a dos personajes. Diego Romero, hombre muy ligado al poder local por sus diversos cargos municipales y otros de perfiles públicos. Su prestigio social le llevó a ser testigos en cientos de escrituras públicas otorgadas por las familias más influyentes en la sociedad y economía de la villa de Almonte. Iguales niveles políticos y sociales observamos en Martín Pavón, Alcalde Ordinario durante los sucesos del traslado de 1589; una de las máximas autoridades judiciales del pueblo, daría cierta tranquilidad a los que le acompañaron en la procesión de la Imagen de Ntra. Sra. del Rocío. De amplia experiencia política, fue desde muy joven un dinámico emprendedor de la agricultura, industria y comercio del pueblo. De sus descendientes, su sobrino Juan Pavón llegaría a ser el primer capellán perpetuo de la Capellanía de Baltasar Tercero desde agosto de 1597, aún con vida Martín Pavón.

En la esfera social destacaba la preponderancia de Miguel Pichardo, hermano de los “Pichardos” y de los “Bejaranos” de la calle Niebla: Pedro Martín Pichardo, Francisco Díaz Bejarano, Bartolomé Díaz Bejarano y del propio Francisco Hernández Pichardo, clérigo presbítero y Mayordomo de la ermita de Ntra. Sra. de Las Rocinas entre 1571 y 1598. Sus hijos y sobrinos siguieron obteniendo importantes cotas en la vida política y religiosa de Almonte y de la ciudad de Sevilla.

Sin ser clérigo, Juan López Sacristán estuvo muy ligado a las actividades religiosas del pueblo, su propio segundo apellido le viene del oficio que sus familiares habían ejercido en la Iglesia Parroquial, el de sacristanes mayores. Destacó en su labor como hermano, diputado y prioste de la cofradía de La Soledad, cofradía muy ligada también a la devoción de Ntra. Sra. del Rocío, como demuestran las mandas testamentarias de muchos de sus cofrades a la ermita e Imagen de la Virgen de las Rocinas.

En resumen, aquella muchedumbre que acudió al remedio de la duradera sequía trayendo la Imagen de Ntra. Sra. de Las Rocinas al pueblo, estaba compuesta por todas las capas sociales del pueblo, desde las más altas a las más bajas, desde propietarios a comerciales, profesionales, ganaderos, asalariados y de pobres “vergonzantes” que no llegaron a pasar por las notarías y serán siempre personajes anónimos de aquel traslado. Citando al profesor Cortés Peña, que señalando las diferencias entre las rogativas oficiales y las surgidas por iniciativa popular, afirmaba que “las rogativas derivadas de los deseos de la propia población, la manifestación religiosa discurría por cauces más espontáneos, en los que era factible contemplar una evidente viveza en el fervor de los fieles”. (29) Pero no por ello debemos de pensar que fue un acto instintivo de la muchedumbre, sino un acto premeditado, necesario de una mínima organización y convocatoria previa.

29 CORTÉS PEÑA, A. L. “Entre la religiosidad popular …, op. cit., p. 1033.

De aquí que deduzcamos que la devoción a Ntra. Sra. del Rocío estaba suficientemente extendida en la sociedad almonteña por estos años; e incluso organizada en una cofradía regida por un grupo de devotos, quizás incipiente por no disponer de reglas escritas y autonomía jurídica, como las otras existentes en Almonte, y de ahí la denuncia ante el Arzobispado. Y si se estaba pensando en estos años crear formalmente una cofradía por los principales valedores de esta devoción mariana, la colación canóniga de la Capellanía de Baltasar Tercero sobre la ermita e Imagen de Ntra. Sra. de Las Rocinas en 1597 dio al traste con el aquel intento, al inmiscuirse en su devoción las instituciones civil y eclesiástica de Almonte, es decir sus patronos Ayuntamiento e Iglesia Mayor de la villa, con tales poderes decisorios, legales y económicos que impedían cualquier intromisión externa en la organización de su devoción. A la altura del año de la proclamación del patronazgo de 1653, más de medio siglo de aquel traslado de 1589, los cabildos seglar y secular de Almonte admitían la existencia de la cofradía y hermanos de Ntra. Sra. de Las Rocinas; pero no será hasta un siglo después, 1758, cuando esta cofradía obtenga la aprobación de sus Reglas de Gobierno por el Ordinario Eclesiástico. Hechos estudiados y referidos en mis artículos publicados en esta revista. La Cofradía de Ntra. Sra. del Rocío existía desde la segunda mitad del siglo XVI, como llegó a intuir Rosendo Álvarez Gastón, pero con una vida y actividad sujetas y dependientes de los órganos directivos de la Obra Pía de Baltasar Tercero. Habría que esperar otro siglo más, cuando desaparece aquella Obra Pía, para que la Hermandad del Rocío de Almonte alcance su plena y total autonomía.

traslado 1964
Traslado 1964

 



Foro del Rocío

Un comentario en “Traslado inédito de la Virgen del Rocío a Almonte en 1589

  1. Javi

    Enhorabuena a Domingo Muñoz Bort, por su incansable búsqueda de documentos sobre la devoción a la Virgen del Rocío. Este traslado de la Virgen a su pueblo de Almonte de 1589 es la prueba irrefutable de la gran devoción que se le tenía a la Virgen por su pueblo. Gracias Domingo por estar reescribiendo la historia del Rocío.

    Un saludo.

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