La procesión de Reina de la Virgen del Rocío por Almonte

Se trata de una de las procesiones menos conocidas de la Santísima Virgen del Rocío, mas allá de las populares de la romería en Pentecostés o de las venidas e idas a Almonte. Esta singular procesión ocurre nueve meses después de la llegada de la Patrona de los almonteños a la localidad, una semana anterior a su partida hacia la Aldea del Rocío.
Como sabemos, los traslados de la Virgen a Almonte eran producidos por las imploraciones de su pueblo para rogarle la bendita lluvia cuando asolaba las grandes sequías, o por otros acontecimientos como la epidemias o guerras. Con la estancia de la Imagen en el altar mayor de la Parroquia de la Asunción, el clero o cabildo de la Villa le ofrecían un novenario de misas en rogativa. Desde 1589 que tenemos constancia de una venida, no se nos menciona de la procesión por el pueblo antes de su marcha al santuario.
Debemos de esperar hasta el siglo XVIII, siglo dorado del Rocío, cuando a la Novena de Rogativas se le incorpora la procesión de Ntra. Sra. del Rocío en el último día, como colofón. Documentalmente aparecerá por primera vez en 1738. Sería conocida mas tarde como la procesión de la Función de Iglesia.
Rocío reina por sus calles almonteñas, haciendo gala de su atuendo. Corona, ráfagas y medina luna brillan al resplandor del sol, al paso de romeros, flores y arcos de triunfo en honor a Ella. Una estampa que solo ocurre cada siete años.

 


La fotografía que ilustra el artículo está realizada el 8 de agosto de 1926, ya que el traslado se produjo el 6 de junio por la finalización de la guerra de Marruecos. La Virgen que luce sus galas de Reina con las ráfagas de plato del revés, procesiona sobre las antiguas andas de Juan de Astorga, de la que pende en el palio los borlones de las bambalinas de 1908. Obsérvese con atención el exorno de la calle. Aun en 1926 no se estilaba las guirnaldas de flores de papel que comenzaron a utilizarse en la década de 1930. Hasta entonces, se pendían desde fachadas a fachadas cadenetas y farolillos de papel. Sobre los ventanales y puertas de las casas, se formaban un arco de triunfo con las hojas de las palmeras (palmarates), e incluso se aprecia ramas de eucaliptos. También era tradición extender el romero en el suelo, costumbre que se mantenía desde el siglo XVIII.
Ese año la Virgen retornó a la ermita el 15 de agosto, tres días antes al Rocío Chico.

© 𝙅𝙖𝙫𝙞 𝙚𝙡 𝙖𝙡𝙢𝙤𝙣𝙩𝙚ñ𝙤.



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