Los Exvotos de la Virgen del Rocío son expuestos en una muestra extraordinaria en el Tesoro de la Hermandad Matriz

Bajo el título “Exvotos de Ntra. Sra. del Rocío. Expresiones populares de fe”, se exponen hasta el próximo mes de octubre.
Ya puede visitarse en el Tesoro de la Hermandad Matriz, ubicado en el Santuario de Ntra. Sra. del Rocío, la muestra “Exvotos de Ntra. Sra. del Rocío. Expresiones populares de fe” en la que se exponen más de un centenar de este tipo de donaciones, que los fieles regalan a la Virgen en señal de agradecimiento por un favor recibido.

Así, en esta muestra, podemos ver piezas de cera, de madera, de plata, tablas o lienzos pintados, así como una campana de la antigua ermita marismeña que fue regalada por el Duque de Orleans en 1905; un barco de plata regalo de la madre del Duque de Montpensier; o los corazones de plata que esporádicamente luce la Santísima Virgen del Rocío prendidos de su saya.

Esta exposición podrá ser contemplada hasta el próximo 31 de octubre. El aumento de visitantes al Tesoro de la Hermandad Matriz lo han convertido en un referente en cuanto a turismo religioso se refiere.

Almonte, 22 de julio de 2017 Delegación de Prensa Hdad. Matriz de Ntra. Sra. Del Rocío de Almonte

 

EXVOTOS DEL ROCÍO

Más de 100 piezas de diverso valor y procedencia pueden contemplarse hasta finales de octubre en el Museo Tesoro emplazado en el triforio del Santuario del Rocío <<<
Existe en el Círculo Polar Ártico un islote que se llama Rocío. Fue descubierto por Luis Felipe Roberto, Duque de Orleáns, en una expedición llevada a cabo en 1905, arrastrado por su curiosidad científica, a bordo de la corbeta Belgique. Los peligros que acecharon al intrépido aristócrata, hijo de Isabel Francisca de Orleáns Borbón, condesa de París y gran devota de la Blanca Paloma, llevaron al aventurero a encomendarse a su fe en diversas ocasiones, sobre todo aquellas en las que la fuerza inesperada del hielo y las corrientes marinas amenazaban con llevar a pique su majestuoso navío y con él, las vidas de los expedicionarios, la suya incluida.

Tras la gesta, felizmente culminada, además de legar al pedazo de tierra tocado por los aventureros europeos tan peculiar nombre, -hoy deformado hasta constituir el término Rosío-, el príncipe mandó construir tres maquetas de la Bélgica: una se encuentra en París; otra en Bruselas, en el castillo medieval propiedad del actual barón de Guerlache, descendiente directo del que fuera capitán de la corbeta; y la tercera acompañó a la Virgen del Rocío, junto a su altar, en la antigua ermita, durante más de 50 años. Hoy, esta bella obra de marquetería y otros muchos regalos de la casa Montpensier –fervientes difusores de la devoción rociera-, así como otras muchas ofrendas de muy diverso valor y procedencia, pueden admirarse gracias a la exposición «Exvotos de Nuestra Señora del Rocío, expresiones populares de fe», que estará abierta hasta finales del mes de octubre en el Museo Tesoro situado en el triforio del Santuario del Rocío.

La muestra, que reúne más de 100 piezas, no constituye sólo una recopilación de objetos inanimados. Es una oportunidad para mirar más allá y conocer las historias de quienes un día, tras superar un duro golpe de la vida o alcanzar un objetivo largamente anhelado, acudieron a los pies de la Blanca Paloma a realizar una ofrenda, cada cual la que pudo. En ocasiones, son objetos de naturaleza inusitada, que prometen «sorprender al visitante», como explica el director del Tesoro de la Hermandad Matriz de Almonte y de la Oficina de Atención al Peregrino, Manuel Galán Cruz. El motivo es simple: mientras en otros santuarios se ha conservado el llamado «cuarto de los milagros», en el caso del Rocío este espacio pasó a la historia junto con la antigua ermita, derribada en los años 60 para proceder a la construcción del actual Santuario de la Virgen del Rocío.

Los exvotos quedaron entonces almacenados en dependencias de la Casa de Hdad Matriz de Ntra Sra del Rocío de Almonte y aunque una parte permanece expuesta en el museo, nunca se habían mostrado al público tantas piezas como en la actual exposición. Tanto es así, que la idea de la muestra surge para ampliar la exposición permanente, «fue un poco como excusar el montaje de esta exposición», reconoce Galán, un modo de ir reponiendo esas ofrendas populares parte de las cuales ya fueron recogidas en una muestra organizada en 2010.

De hecho, al «cuarto de los milagros» de la Virgen del Rocío llegaban cientos de objetos que eran depositados directamente por los fieles en los escasos huecos que quedaban, podían observarse todo tipo de elementos representativos de su fe o del favor que la Virgen hubiese concedido al devoto. Había de todo, «lo mismo cuadros que piernas ortopédicas, trajes de bautismo, de boda, de comunión, mortajas, muletas, trenzas de pelo natural…», desgrana el director del Tesoro. «Lo que allí imperaba era el horror vacui, el miedo al vacío; no había un espacio libre porque todos los iban rellenando los devotos», describe.

Y así, más allá de la impactante visión del espacio atestado de objetos tan singulares, resultaba sin embargo complicado conocer el trasfondo de las ofrendas, la rica información que muchos de esos elementos ofrecen y gracias a los cuales se puede desvelar más acerca de una de las devociones más extendidas y afianzadas en el orbe. Ahora, gracias al criterio seguido para la elección de los exvotos expuestos, que es el de exponer «piezas muy diferentes provenientes de épocas distantes entre sí porque la devoción a la Virgen no es algo del pasado ni estancado en este tiempo concreto», o incluso mostrar ofrendas realizadas por personas de las que la Matriz tiene conocimiento de familiares directos o incluso de quienes realizaron la donación, salen a la luz historias de gran interés como la del príncipe aventurero de Orleáns y del capitán de la Bélgica, el barón de Guerlache o la de personas humildes como María Cruz y su hermana Juana, dos almonteñas, protagonistas aún vivas de una de las piezas pictóricas expuestas.

Juana, que hoy cuenta 87 años, sufrió una caída de cabeza desde una escalera mientras trabajaba como sirvienta para una familia sevillana. María, su hermana, hoy con 95 años de edad, la acompañaba en las tareas cuando se produjo el accidente. «Quedó inconsciente, fue un milagro», explica María. Juana cayó en un reducido espacio entre un balcón y los fuegos donde se calentaba el aceite para hacer el almuerzo, por lo que su hermana considera efectivamente un milagro que no sufriera más daños. «Yo me encomendé a la Virgen del Rocío», cuenta María, que tras la recuperación de Juana decidió regalar un exvoto a la Blanca Paloma. La obra fue realizada por Manuel Orta, a la sazón primo de la señora de la casa en la que servían las dos hermanas, muy devotas de la Virgen.

De hecho, María, la mayor de ellas, sirvió durante los años duros de la posguerra en diversas casas a lo largo y ancho de la geografía española e incluso en Casablanca y París, capital francesa de la que regresó a su pueblo natal a mediados de los 80. Estuviese donde estuviese, María volvía cada año a Almonte y dedicaba una jornada a hacer el camino andando hasta la aldea.

«A mí me gustaba mucho entrar en el cuarto de los milagros –lugar donde depositaron el exvoto pictórico que narraba la intercesión de la Virgen a favor de Juana-. Me encantaba estar allí y mirar todo lo que había, todos los milagros que la Virgen hacía», recuerda María con extraordinaria claridad a pesar de su avanzada edad.

«Los exvotos pictóricos nos dan mucha información de la época en la que fueron realizados, como por ejemplo cómo eran los interiores de las viviendas, la propia iconografía de la Virgen del Rocío que es riquísima y muy variada, las vestimentas o las diferentes advocaciones a las que se profesaba fe», explica Manuel Galán. También sirven estas ofrendas para mostrar cómo la devoción rociera, una de las expresiones religiosas populares más multitudinarias y universales acoge en su seno a todas las personas, independientemente de su origen, estatus social o capacidad económica. «En la muestra puede verse que la Virgen a todos nos iguala, porque lo mismo nos encontramos con un ramo de flores que llega a diario a los pies de la Blanca Paloma como una vela que se enciende en la capilla votiva o piezas que vienen de la nobleza», como por ejemplo la más voluminosa de todas las expuestas: una campana de bronce que regaló también el duque de Orleáns con motivo de su expedición al Ártico o el antiguo paso de la Virgen del Rocío donado por la familia Cepeda en 1933.

✍️ Miguel Angel Jiménez García para el ABC de Sevilla 

Foro del Rocío

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