En la procesión de la Virgen, el pueblo de Almonte es soberano por Juan Ignacio Reales

“En la procesión de la Virgen, el pueblo de Almonte es soberano”. Con esa expresión se resume una constante histórica, que todos conocemos y abogamos porque siga siendo así. Pero para que esa realidad pueda ser mantenida y defendida, ha de respetar el sentido original de lo que implica; esa soberanía no significa otra cosa que asumir, que al tener Almonte el privilegio de ser el pueblo elegido por la Virgen del Rocío, al tenerla como Patrona, hemos de actuar siempre con responsabilidad, con generosidad y con altura de miras, no de forma caprichosa, haciendo lo que nos venga en gana, sino pensando siempre en qué es lo que Ella quiere de nosotros, en cada momento.
Esto adquiere ahora toda su virtualidad y actualidad, al acercarse el 8 de septiembre, cuando tendremos la suerte de celebrar con una procesión extraordinaria, el centenario de la coronación canónica de la Virgen del Rocío, dando así inicio a un año grande para Almonte y para toda la familia rociera, al recordar con una amplia programación de actividades, lo que supuso uno de los momentos más trascendentales e importantes de la historia del Rocío.
Y se ha establecido el 8 de septiembre, además de por ser un día mariano por excelencia, cuando celebramos la Natividad de la Virgen María, porque ese mismo día de 1918, hace cien años, se firmaba en Roma la Bula Pontificia por la que se ordenaba la coronación de la Virgen del Rocío. El sueño se hacía realidad, y se materializaría unos meses después, en la siguiente Romería, el 8 de junio de 1919.
Creo que esto es un precioso regalo que la Virgen nos hace a los rocieros de hoy, tener la oportunidad histórica de poder celebrar y protagonizar este centenario, y de poder iniciarlo de la forma más grandiosa y solemne que cabe, con una procesión extraordinaria, de las que pocas oportunidades tenemos de conocer en la vida; igual que nuestros mayores tuvieron la suerte y la responsabilidad de vivir y hacer posible la coronación de nuestra Patrona, nosotros somos también una generación privilegiada, porque vamos a poder celebrar su centenario, actualizando el significado de esa coronación, para los rocieros de hoy, demostrando que Ella sigue siendo, junto a su Hijo, los que reinan en nuestros corazones.
Todo esto adquiere un especial significado para los almonteños y por eso debemos estar a la altura del privilegio que tenemos, de lo que celebramos y actuar con responsabilidad y generosidad, pensando que esta procesión debe ser realmente única y extraordinaria.
Eso se está traduciendo en nuestro pueblo, en un deseo mayoritario, en un anhelo y un clamor que cada vez nos llega con más fuerzas, de que la Virgen salga al alba, como un regalo y homenaje a nuestros mayores, a los que nos legaron esta devoción, para que ellos puedan disfrutarla como antiguamente, con luz del día, junto a sus hijos y nietos, unidos toda la familia. Es cierto que lo más importante de esta procesión, como de cualquier otra, no es la hora de salida de la Virgen, sino que ésta transcurra de la mejor manera posible, con la mayor dignidad y el esplendor que la ocasión y Ella se merecen, estando todos unidos en torno a nuestra Madre y Patrona. Por ello, para los que somos de mi generación, año arriba o año abajo, poco nos importa y en nada va a enturbiar nuestra alegría y felicidad, el hecho de que salga más tarde o más temprano, pues todavía podemos estar toda la noche y el día junto a Ella. Pero creo que ese es precisamente el esfuerzo de generosidad que la Virgen nos pide a nosotros, y a los más jóvenes, a los que tienen la suerte de poder llevarla sobre sus hombros, o de poder estar junto a la reja, para sacarla en ese momento sublime y único en que se inicia la procesión. Que en esta extraordinaria ocasión, seamos generosos con aquellos que ya no tienen esa posibilidad, los que por su edad o su salud no pueden acompañarla toda la noche, los que ya no tienen fuerzas para llevarla, pero que lo hicieron durante muchos años, los que una vez nos cedieron el testigo, pero que ahora, por una vez, quieren recordar junto a sus hijos y nietos, aquellas procesiones de antaño, las que ellos vivieron, las que vivieron nuestros abuelos cuando coronaron a la Virgen.
No nos dejemos llevar sólo por nuestra voluntad, por nuestra indiferencia o nuestra lógica impaciencia. No nos perdamos en discusiones banales sobre cuestiones secundarias; no consintamos que el acaloramiento del momento o la presión minoritaria de unos pocos, por ruidosa que sea, se imponga al anhelo y al sueño de nuestro pueblo; creo que cualquier sacrificio que tengamos que hacer, para que algo tan bonito se haga realidad, merecerá la pena asumirlo.
Seamos en esta ocasión nosotros la voz de esos almonteños, y demos cumplimiento a la voluntad y al deseo de tantos hombres y mujeres de la Virgen, de nuestras madres, de nuestros padres, abuelos, de nuestros hijos pequeños, de los que están enfermos, de los que ya no pueden llevarla, de los que no podrán estar en la reja, de todos aquellos que en una ocasión extraordinaria como ésta, se merecen que les hagamos este hermoso regalo, para que podamos disfrutarla todos juntos, como una gran familia, como el pueblo elegido de la Virgen.



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