Emigrantes – Fervor y devoción rociera en el pregón de Luis Carlos Sáenz

Todo se prepara ya para la celebración del Rocío. Las carretas esperan ser embellecidas con flores, adelfas y cortinas de lunares o de rayas, mientras las onubenses dan los últimos retoques de los trajes flamencos que estilizarán su figura. Los centenares de caballos también aguardan en sus cuadras la llegada de ese día grande, el miércoles 31 de mayo en el que la Real Hermandad de Emigrantes inicia su peregrinación desde el Molino hacia la aldea almonteña de El Rocío para venerar allí a la Blanca Paloma.
El emotivo pregón de la Real Hermandad de Emigrantes recitado por Luis Carlos Sáenz de la Torre, hermano de la Real Hermandad de Huelva desde hace 20 años y, desde hace uno, también de la de Emigrantes, sirvió de antesala para el esperado comienzo de esos días dedicados a la Reina de las Marismas, cuyo principio es el largo y duro, pero a la vez redentor y gratificante, camino hacia el santuario almonteño de la Virgen del Rocío.

Su eterno amor a la Virgen María y su creencia firme en Jesús de Nazaret abrieron una ceremonia en la que la voz entrecortada del orador reflejaban de un modo transparente el dolor y el sentimiento de sus palabras, las cuales mostraban una sinceridad sublime. Convertirse en una «inmensa oración», ése era el objetivo explícito de su pregón.

No podía faltar entre la alocución de un choquero orgulloso de serlo como Luis Carlos Sáenz de la Torre un viaje por los bellos y majestuosos recovecos de Huelva, con una especial atención al origen de Emigrantes, personificado en la barriada de Las Colonias. También destinó buena parte de la tinta de su pluma al ensalzamiento de la Huelva descubridora, marinera, minera y serrana, esa Huelva bonita en la que agradece haber nacido.

Una vez mostrado su amor por Jesucristo, la Virgen y la ciudad que le engendró, Luis Carlos se adentró de lleno en su experiencia rociera, con un bello recuerdo a los primeros momentos, los que vivió hace 25 años, con sólo 6 primaveras, junto a su amigo, el hermano mayor de la Hermandad de Emigrantes, Manuel Fernández, cuando desde el patio del colegio Reyes Católicos veía pasar ensimismado la comitiva que partía hacia El Rocío.

Uno de los momentos álgidos llegó con su referencia al contacto con la Blanca Paloma, las sensaciones vividas en la aldea almonteña y su sueño de ver abrirse un pasillo de luz entre la masa de almonteños que le dejara entrar en la Virgen y ver cumplida al fin su promesa.

Foro del Rocío

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