Memoria del corazón por Santiago Padilla

Nos ha quedado una ingente producción de tu musa de poeta; del hombre capaz de expresar con finura, delicadeza y rotundidad sus sentimientos en verso, y de convertir el verso en oración popular: en pregones, poemas, plegarias y letras de sevillanas. Una loa extensísima y preciosísima a la Reina de las Marismas, enhebrada y conducida por momentos, por experiencias y circunstancias vividas en primera persona al lado de los almonteños y de los rocieros de todos los puntos cardinales; en los caminos, en la aldea, en cualquier día del año, en medio de un rengué, en la procesión de la Virgen, o en un momento de oración compartida, de una Eucaristía o de un Rosario.

Desde que Almonte te enganchara en aquellas lejanas Misiones en los antiguos poblados forestales de Cabezudos, Bodegones, El Abalario, o La Mediana, del comienzo de la década de los sesenta del siglo XX. En aquellos lugares perdidos en la inmensidad de unas tierras improductivas que debían ser colonizadas y puestas en producción, no has cejado en tu denodado empeño. De hacer y convertir El Rocío en un medio posible y fecundo para evangelizar al pueblo que lo siente y que lo vive tan intuitivamente muy dentro de sí. Rodeado de gente humilde y sencilla, bebiste en aquella temprana hora de presbítero joven, de la fuente más pura que fundamenta y da fuerza a la devoción a la Virgen del Rocío.

Lo cierto es que te convertiste muy pronto en convencido cantor de sus glorias, en propagador insigne de su devoción, en codificador de su historia contemporánea y reciente, que nos enseñaste a cantar y a interpretar desde la hondura de tu Ministerio. Denunciaste con contundencia conductas incompatibles con nuestra devoción, y nos hiciste fijarnos en muchos de esos momentos, aparentemente intrascendentes, que hasta ahora habían pasado desapercibidos, que nos dan la medida de esta devoción. Hiciste realidad entre nosotros, con tu testimonio sacerdotal, las directrices del Concilio Vaticano II, con su apuesta, aunque tímida, por la Religiosidad Popular; por el acercamiento de la liturgia al pueblo. Un ejemplo que ojalá cunda en otros ministros de la Iglesia.

Querido Padre Quevedo, nos apena tu marcha irremplazable, nos sobrecoge pensar que no volveremos a verte, ni siquiera con ese bastón que te ha acompañado en tus últimos años, por esas benditas arenas; las que has ensalzado como pocos y elevado a la categoría de sagradas. Nos queda sí, tu inmenso legado escrito que el pueblo ha hecho suyo antes de tu muerte, tu sonrisa fácil, tu chispa y tu agudeza intelectual, tu bonhomía, tu generosidad y tu humildad; pero nos queda y nos quedará, sobretodo, la gratitud a todo lo que has hecho por y para el Rocío, sin desmayo, sin cuartel, hasta tu último aliento. Eso que llaman, la memoria del corazón, que sigue viva mientras vivamos y seamos capaces de trasladarla a las nuevas generaciones.
Santiago Padilla para Huelva Informacion / Opinión.

padilla quevedo
Fotocomposición de Rocierosenelmundo


Foro del Rocío

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