Postigos del alma: A Don Antonio Salas por Santiago Padilla

Era un vendaval cuando entraba en casa, de ilusión y de alegría. ¡Ave María Purísima!, se escuchaba desde el fondo del zaguán. De ojos grandes, de expresivos ademanes, de espontáneas ocurrencias, de trato campechano, fue el cura que más tratamos, y al que quisimos como parte de nuestra familia, antes de que el destino la rompiera irreversiblemente. Cuántas noches vino a casa a tomar una taza de puchero y a compartir sus sueños y desvelos, cuando no algún desengaño personal, pero siempre en tono positivo.
Llegó a Almonte para servir a su comunidad parroquial, dispuesto a darlo todo, con la edad aún en la boca, pero con un estimable recorrido vital y sacerdotal.  No en vano, había tenido encomiendas pastorales en la sierra de Huelva y en el barrio onubense de la Orden. Vino en un momento pastoralmente delicado, por razones, tanto generales, como particulares, en el que había que hacer una labor de cura y aproximación importante a la grey almonteña.
Su sonrisa redonda, constante y abierta es un trazo grueso y amable en mi memoria de adolescente. Siempre marcado por la prematura ausencia materna, encontró en María un regazo en el que sostener y hacer crecer su Ministerio, que transmitía en sus palabras y en sus homilías. Gran devoto de San Antonio Abad por su cuna triguereña, su casa fue nuestra casa, sacrificando las comodidades de su hogar, como expresión de su entrega total. Un espacio que con frecuencia bullía de vida, por sus cuatro costados. Y sus inquietudes pastorales y humanas fueron un faro luminoso para los que nos asomábamos, temerosos aún, pero ilusionados, a un abigarrado bosque, lleno de luces y sombras. Aquí, en la vieja casa rectoral encontró acomodo el movimiento scout local, su gran legado para la juventud almonteña, que tanto trabajó con las Dominicas del Anunciata, y que trajo a nuestra localidad conceptos tan revolucionarios en el medio rural de entonces, como el de la coeducación de niños y niñas.

Se entregó en cuerpo y alma al Rocío, que crecía por aquellas fechas a una velocidad de crucero, y que favoreció con su dedicación personal, sorteando a menudo no pocas dificultades y discrepancias, incluso, con su propia curia. Le dedicó muchas horas, mucho esfuerzo, mucho trabajo, sin descuidar; y esto es lo difícil, a nuestra comunidad parroquial. Y entre tanto, desarrolló una notable labor, formando equipo con sus vicarios parroquiales, especialmente con el padre José Manuel Galvez, dotando de medios a la Fundación de Enseñanza Primaria Virgen del Rocío, fortaleciendo la labor de la Cáritas local, e incluso apoyando la constitución de una cooperativa de costura en instalaciones de la Parroquia. En su tiempo tomaron cuerpo con su complicidad y ayuda dos importantes instituciones benéficas almonteñas contemporáneas: La Residencia “Madre de Dios” y el Hogar, “Pastorcito del Rocío”.
Concluyó su estancia en Almonte con la visita del Papa al Rocío, S.S. San Juan Pablo II, en junio de 1993, en el hito histórico reciente más importante de la historia de esta devoción. Después se  fue a América, a Puerto Rico, a cumplir su sueño vocacional misionero. Allí trabajó con comunidades pobres y construyó una parroquia bajo el título de la Virgen del Rocío; la devoción que ha marcado, también para siempre, su existir. Y ya en plena madurez se afanó en sacar su carrera de periodismo y estudió derecho canónico, que le permitieron desempeñar diversas responsabilidades en la curia diocesana de Huelva… Después vino ese accidente cardiovascular, como un rejón al pecho, que lo ha tenido postrado, pero plenamente consciente, casi cuatro años, en el que ha vivido la debilidad de nuestra naturaleza.
Recreativista, pero sobre todo, bético empedernido, ayudó a definir mis colores para toda la vida… Por eso, cuando hace escasos días puse mis labios en su frente estucada, aún perceptible su irregular pulso vital, pero ya adormecido para la eternidad, supe, querido Antonio Salas Delgado, que estaba cerrando otro postigo del alma.
Descansa en paz.

Santiago Padilla

Artículo publicado en Huelva Información el 12 de noviembre de 2015

Antonio Salas - Almonte



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