“Mujeres de la Virgen”. A media voz… por Pepi Pérez Báñez

Qué papel más extraordinario el de las mujeres de Almonte antes, durante y después de las procesiones de la Virgen!! La historia nos ha encontrado con un protagonismo elegante, discreto, serio, equilibrado, paciente…
De siempre estas mujeres fuertes, nosotras, todas, incluidas las de diferentes edades, por voluntad o por fortuna, hemos estado detrás y al lado de los hombres de Almonte que mantienen el privilegio y la responsabilidad de procesionar a la Virgen.
Llevamos siglos cumpliendo una de las funciones más gratificante de nuestras vidas. Cuidar, mimar, respetar y afirmar a nuestros padres, hermanos, novios, maridos, hijos…cuando se preparan para trabajar bajo sus bancos o costeros.
Nunca hemos renunciado a nosotras mismas. Nos damos de esta forma porque así nos crecemos. Nos gusta contemplar a una distancia prudente la elegancia y belleza de Ntra. Sra. La Virgen del Rocio. Ver como va derramando dones, esperanza y alegría sin fín.
Cuando nos sentimos con fuerza todo se anda, pero todo tiene sus momentos, sus pasos. Un día alguien cercano nos facilita esa experiencia sublime, por unos momentos, de soportar en nuestra debilidad corporal el envite mágico debajo del paso.
Y escuchas una voz que te dice ¡«mete el hombro»! y ya no distingues tu calor y el olor de tu sudor. Miras extasiada con timidez y pundonor hacía arriba y te das con la imagen graciosa y simpática del Pastorcito.
!Tiemblas! Tomas confianza y sigues subiendo la mirada…caes vencida. Ahora sí te abandonan las fuerzas. Es indescriptible definir esta imagen que entra por la retina y explota en el corazón. Alguien te saca de este embelesamiento: ¡«mujer» da los ¡VIVAS!
Y percibes que no hay diferencias, sólo aceptación. Sensación de pertenencia.
Sí. Las mujeres también tenemos nuestro sitio. Como siempre. El que elegimos. Somos sus «mujeres». Nos aman. No somos caprichosas. Actuamos con rectitud. Respetamos la tradición. Siempre estamos cerca y vigilantes. Somos su apoyo más sobresaliente. Cuentan con volver a casa y encontrarnos felices y dispuestas a escuchar…y preguntar. Conversaciones épicas verídica. Nos alegramos juntos de haber vivido otra magnífica procesión.
Brillos en los ojos que se han quedado en la memoria. Una flor de las ofrendas que se lleva en la boca para la madre y se guarda y utiliza en momentos de enfermedad. Nuestra ilusión: la procesión del año que viene.
Somos dignas embajadoras, de ellos, de la tradición, del amor a la Virgen y de perpetuar el tesoro de la fe recibida.

La Virgen cuide a las mujeres de Almonte, las haga fuertes y perseverantes. Dignas herederas de este amor incondicional por nuestra Patrona.

Pepi Pérez Báñez (Primera mujer Hermana Mayor de la Matriz de Almonte)



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