Los discursos del Papa en Madrid en las JMJ

Vigilia de oración con los jóvenes en Cuatro Vientos
Sábado, 20 de Agosto de 2011 20:30
Queridos amigos: Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado suspreguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, queexpresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en lavida, algo que os dé plenitud y felicidad.Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandesideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da unarespuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amadoyo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9). Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que dasentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino queen el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en suamor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simpleaceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que noslleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que sesaben amadas por Dios. Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en mediode contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone avuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, noos conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos queCristo.Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia labúsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemosproponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todoslos hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él, que tomó sobre sí nuestrasaflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasión de Cristo, participan muyde cerca en su obra de redención. Además, nuestra atención desinteresada a losenfermos y postergados, siempre será un testimonio humilde y callado del rostrocompasivo de Dios.
Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad.
El Señor os ha otorgado vivir en este momento de lahistoria, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestravocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad.Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer,formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, yque se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer labelleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito defidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es eladecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial. A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su vozi nconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).
Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señoros llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómose mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos yel compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratarde amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf.Libro de la vida, 8).
Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo.
Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos.
Amén.

Homilía del Papa en la Santa Misa con los seminaristas
Catedral de la Almudena (Madrid)
Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Venerados hermanos en el Episcopado, Queridos sacerdotes y religiosos,Queridos rectores y formadores, Queridos seminaristas, Amigos todos Me alegra profundamente celebrar la Santa Misa con todos vosotros, que aspiráis a ser sacerdotes de Cristo para el servicio de la Iglesia y de los hombres, y agradezco las amables palabras de saludo con que me habéis acogido. Esta Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena es hoy como un inmenso cenáculo donde el Señor celebra con deseo ardiente su Pascua con quienes un día anheláis presidir en su nombre los misterios de la salvación. Al veros, compruebo de nuevo cómo Cristo sigue llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y la oferta delevangelio al mundo. Como seminaristas, estáis en camino hacia una meta santa: ser prolongadores de lamisión que Cristo recibió del Padre.
Llamados por Él, habéis seguido su voz y atraídos por su mirada amorosa avanzáis hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en Él, que por su encarnación es elrevelador supremo de Dios al mundo y por su resurrección es el cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de predilección que tiene con cada uno de vosotros.
La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a Cristo como el nuevo y definitivo sacerdote, que hizo de su existencia una ofrenda total. La antífona del salmo se le puede aplicar perfectamente, cuando, alentrar en el mundo, dirigiéndose a su Padre, dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (cf. Sal 39, 8-9). En todo buscaba agradarle: al hablar y al actuar, recorriendo los caminos o acogiendo a los pecadores. Su vivirf ue un servicio y su desvivirse una intercesión perenne, poniéndose en nombre de todos ante el Padre como Primogénito de muchos hermanos. El autor de la carta a los Hebreos afirma que con esa entrega perfeccionó para siempre a los que estábamos llamados a compartir su filiación (cf. Heb 10,14).
La Eucaristía, de cuya institución nos habla el evangelio proclamado (cf. Lc 22,14-20), es la expresión realde esa entrega incondicional de Jesús por todos, también por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida de los hombres y para el perdón de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos fuedada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida, allí donde reina la muerte acausa de nuestro pecado, y así destruirlo. El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimidade los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y la esperanza cierta de los bienesfuturos. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de lamuerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también nuestroprincipio.
Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje yservidores de los hombres. ¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silenciointerior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuraspastorales de la Iglesia. Iglesia que es comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por suSanto Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados.Así lo ha querido Dios, que no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos parala redención del género humano. La santidad de la Iglesia es ante todo la santidad objetiva de la mismapersona de Cristo, de su evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto que laanima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos yla realidad que queremos significar.
Meditad bien este misterio de la Iglesia, viviendo los años de vuestra formación con profunda alegría, enactitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa relación con el tiempoy las personas en medio de las que vivís. Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo. Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por dura que esta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas, guardando para ello siempre vivas en su interior las palabrasdel día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruzdel Señor.
Configurarse con Cristo comporta, queridos seminaristas, identificarse cada vez más con Aquel que se hahecho por nosotros siervo, sacerdote y víctima. Configurarse con Él es, en realidad, la tarea en la que elsacerdote ha de gastar toda su vida. Ya sabemos que nos sobrepasa y no lograremos cumplirla plenamente,pero, como dice san Pablo, corremos hacia la meta esperando alcanzarla (cf. Flp 3,12-14).Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es también el Buen Pastor, que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas(cf. Jn 10,11). Para imitar también en esto al Señor, vuestro corazón ha de ir madurando en el Seminario,estando totalmente a disposición del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del Espíritu Santo, es la queinspira la decisión de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra,la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo.
Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidleque os enseñe a estar muy cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad. Afrontad este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidady en servicio, siendo testigos de Dios hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis intimidarpor un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo sonlos principales criterios por los que se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad yatraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia. Alentados por vuestros formadores, abrid vuestra alma a la luz del Señor para ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo lasdisposiciones de la Iglesia.Con esa confianza, aprended de Aquel que se definió a sí mismo como manso y humilde de corazón, despojándoos para ello de todo deseo mundano, de manera que no os busquéis a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento edifiquéis a vuestros hermanos, como hizo el santo patrono del clero secular español, san Juan de Ávila. Animados por su ejemplo, mirad, sobre todo, a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella sabrá forjar vuestra alma según el modelo de Cristo, su divino Hijo, y os enseñará siempre a custodiar los bienes que Él adquirió en el Calvario para la salvación del mundo.
Amén.

Discurso del Vía Crucis
Plaza de Cibeles (Madrid)
Queridos jóvenes: Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en su Pasión y Muerte. Losc omentarios de las Hermanitas de la Cruz, que sirven a los más pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que juzga al mundo y a los que se creen sabios (cf. 1 Co 1,17-19). También nos ha ayudado en este itinerariohacia el Calvario la contemplación de estas extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón, como sucedió a Santa Teresa de Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf. Librode la vida, 9,1).
Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mentelas palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado,llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta ledaremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida pornosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). La pasión de Cristonos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros «para poderc ompadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la consolatio,el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza» (Spe salvi, 39).
Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo»(ibid.).
Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive.
La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llegahasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijocrucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama ycomo Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo.
Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz.

Discurso del Papa en su encuentro con profesores universitarios
San Lorenzo de El Escorial
Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Queridos Hermanos en el Episcopado, Queridos Padres Agustinos, Queridos Profesores y Profesoras, Distinguidas Autoridades, Amigos todos. Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, queprestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles. Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durantesiglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España. Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el CongresoMundial de Universidades Católicas, bajo el lema: “Identidad y misión de la Universidad Católica”. estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplíala ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta “universitas” que entonces viví, deprofesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio,ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (SietePartidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad. En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en lafe” (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En estesentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos“arraigados, edificados y firmes” apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).
Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionalescompetentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice quelo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los busos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia dela persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como meroc onsumidor. He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de elloshumildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber,sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobretodo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven,pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración esla más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unastécnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente. Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes aquienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza. Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que novemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y lainteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo estánconocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que seexige a todo buen educador. En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nosposee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo unavirtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a losestudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudaráel Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido(cf. Mt 5,13-15).Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nosi lumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto anosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos.

Discurso del Papa durante su enceuntro con religiosas jóvenes
San Lorenzo de El Escorial
Queridas jóvenes religiosas: Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando en Madrid, es un gozo grande poder encontrarme con vosotras, que habéis consagrado vuestra juventud al Señor, y os doy las gracias por el amable saludo que me habéis dirigido. Agradezco al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previstoeste encuentro en un marco tan evocador como es el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Si su célebre Biblioteca custodia importantes ediciones de la Sagrada Escritura y de Reglas monásticas de varias familias religiosas, vuestra vida de fidelidad a la llamada recibida es también una preciosa manera de guardar la Palabra del Señor que resuena en vuestras formas de espiritualidad. Queridas hermanas, cada carisma es una palabra evangélica que el Espíritu Santo recuerda a su Iglesia (cf.Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada «nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangeliocomo su norma de vida. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte en“exégesis” viva de la Palabra de Dios… De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica» (Exh. apostólicaVerbum Domini, 83).La radicalidad evangélica es estar “arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe” (cf. Col, 2,7), que enla Vida Consagrada significa ir a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia esponsal como la han vivido los santos, al estilo de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud.
El encuentro personal con Cristo que nutre vuestra consagración debe testimoniarse con toda su fuerza transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando «se constata una especie de“eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación deltesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» (Mensajepara la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 1). Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado. Dicha radicalidad evangélica de la Vida Consagrada se expresa en la comunión filial con la Iglesia, hogar delos hijos de Dios que Cristo ha edificado. La comunión con los Pastores, que en nombre del Señor proponen el depósito de la fe recibido a través de los Apóstoles, del Magisterio de la Iglesia y de la tradición cristiana. La comunión con vuestra familia religiosa, custodiando su genuino patrimonio espiritual con gratitud, yapreciando también los otros carismas. La comunión con otros miembros de la Iglesia como los laicos,llamados a testimoniar desde su vocación específica el mismo evangelio del Señor.Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha querido confiaros. Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustros la Palabra de Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por Él habitada, hasta los diversos caminos de vida apostólica, en cuyos surcos germina la semilla evangélica en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y lacaridad, la labor misionera y la nueva evangelización, y tantos otros campos del apostolado eclesial.
Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagración, la comunión y la misión.
La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro “sí” generoso, total y perpetuo a la llamada delAmado. Que la Virgen María sostenga y acompañe vuestra juventud consagrada, con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los jóvenes. Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense copiosamente la generosa contribución de la Vida Consagrada a esta Jornada Mundial de la Juventud, y en su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas gracias.

 

Discurso del Papa durante la Fiesta de acogida de los jóvenes
Plaza de Cibeles (Madrid)
Queridos amigos: Agradezco las cariñosas palabras que me han dirigido los jóvenes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que estáis aquí congregados, jóvenes de Oceanía, África, América, Asia yEuropa; y también a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y oíros más de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.
En la lectura que se ha proclamado antes, hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acogerlas palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nosacercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodeany a las que estamos tan acostumbrados. El Maestro que habla, además, no enseña lo que ha aprendido deotros, sino lo que Él mismo es, el único que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es Él quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida auténtica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir.
El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a lasembestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas. Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida»(Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo,siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremoscompartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nosdispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí. Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestroe ntusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuroc ierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la graciadivina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestrasflaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto adarnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia. Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eraninconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos. Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de laverdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativosen la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación. Dios quiere un interlocutor responsable, alguienque pueda dialogar con Él y amarle.
Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él,damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre? Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz.Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta todavuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, yahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amorpor cada uno de nosotros.
Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir«sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Ypidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, alf inal de esta Jornada y durante toda nuestra vida.
Muchas gracias.



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