La Virgen visita su pueblo -Traslado 1998

Desde que el 29 de junio de 1653 fuera proclamada Patrona de Almonte, la imagen de la Virgen del Rocío se viste de Pastora en la aldea y visita su pueblo. Siete años tardan los almonteños en poder tener a su Reina entre ellos, con ellos, en ellos. Y por eso la fiesta es grande. Desde que la cubren en la partida para que no sufra los rigores del camino hasta que, en El Chaparral, la descubren para que asome sus ojos a los hijos de Almonte, la Pastora sabe bien lo que es ir cruzando caminos , a hombros de los suyos, por las sendas que trazó la tradición. 
Es un camino duro. A veces bajo el calor, envuelta en polvo; en ocasiones atravesando fangales. Pero el campo es la patria terrena de ésta Virgen, su dominio más querido. Y cruzar entre las hazas, frente al viento limpio que llega de la mar por las mismas huellas de sus hijos, es deseo de quien anida silente en una ermita blanca junto a la Madre.

Van las más viejas almonteñas portando los atributos de Reina de la Virgen; la ráfaga, la media luna, las jarras,… y los mozos, mientras tanto, levantan el perfil oculto del Rocío. Y los pinos, y la tierra, entonan una inaudita Salve campera. Nunca sola, como siempre pasa. Rocío hace el camino desde su ermita a su pueblo entre el fervor y la alegría de quienes tienen en Ella a su Virgen, a su motivo de fe, esperanza y optimismo. Porque con estas virtudes se acompaña siempre a la Señora. La alegría hace que, en éste traslado, el campo parezca una romería de Pentecostés. Cada aparición de la Virgen del Rocío es ocasión para que los rocieros acudan a estar cerca de Ella, a acompañarla, a seguirla. Y es entonces cuando nace una nueva dimensión del camino. La imagen que tenemos de lo que es un tradicional camino se transforma, porque si es verdad que la estampa del romero es casi idéntica, en el lugar del Simpecado va, aunque cubierta de telas, la que es sagrado eje de todo lo que es El Rocío: la Virgen. 

Pero donde de verdad el traslado cobra su más emotivo momento es a la llegada a Almonte. 
Si en el camino, junto a los cantes y los rezos, los tiros de pólvora sonaran en el aire del camino como cohetes exclusivos de los almonteños. El recibimiento en El Chaparral, en Almonte, no tiene comparación. Cuando la camarera le quita a Rocío las telas que la vinieron protegiendo y la cara de la Pastora asoma, el delirio se apodera de la muchedumbre, que la aguarda impaciente, para pasearla por las calles del pueblo y dejarla en la iglesia, como quien recibiera a su madre después de muchos días fuera de su casa. 
Y para este motivo Almonte se transforma, le pone a su caserío el contrapunto mágico de arcos y templetes adornados como sólo este pueblo podrá hacerlo en honor a su Virgen. Quien no ha visto cómo se adorna Almonte para esperar a su Virgen –y celebrar la estancia de Ella en el pueblo -, no podrá entender nunca cómo es la devoción mariana de los andaluces. El pueblo entero colabora para que la plaza principal y las calles que la Señora recorre desde El Chaparral hasta la Iglesia sean un mundo de fantasía, donde el papel y la gracia se funden para levantar una efímera ciudad blanca que deje constancia de que allí, en Almonte, está la Virgen del Rocío. 
Las calles por donde Ella va son de imposible paso. Miles de devotos contemplan absortos cómo los del lugar, almonteños que siguen las mas viejas tradiciones, llenan el aire de explosiones de escopetas que son la más marismeña salva que puede ofrecerse a una Virgen que es, además, Reina de las Marismas. Un olor a pólvora se queda flotando en el aire, donde los pájaros, asustados, salen en estampida locos por los ruidos y extrañados por la inhabitual multitud que todo lo riega. 
Cada siete años, cuando Rocío peregrina hasta Almonte, la soledad de la Aldea sólo la compensa el gran ambiente festivo y el gran reguero de devociones que, desde todos los puntos de España confluyen en Almonte. El pueblo, en esos días de la estancia de la Virgen, se convierte en la capital mariana del mundo por derecho propio. Para entender mejor El Rocío, para acercarse a la magnitud que esta romería levanta en el ánimo del sur, hay que seguir a la Virgen hasta llegar a Almonte. Porque entonces se entenderá bien el vacío de una aldea que sin Ella no sería sino un plácido solaz marismeño. 

Este año 1998 la salida de Ntra. Sra. será el día 19 de Agosto en la tarde y llega a su Pueblo -ALMONTE- el día 20 de Agosto 

 



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