La Romería va por dentro

No es rociero. Nunca lo fue aunque por dentro sienta una punzada cuando escucha ese nombre en los labios de una mujer. Ese nombre le salvó la vida. Fue hace muchos años. Su madre, desesperada, invocó a la Virgen del Rocío para que no se le fuera, tan pronto, el niño que había llevado en su vientre y en sus brazos. Ha escuchado mil veces esa historia. La recuerda como si eso fuera posible. Los matices de la narración lo devuelven al lugar y al tiempo en que nació de nuevo. A pesar de eso, no es rociero.
La razón le marca la senda de su vida. Pero hay momentos en que se deja llevar por el misterio. Hay noches en que prefiere soñar con un templo como navío varado en el mar templado de las arenas. Un santuario donde la impaciencia tensa los músculos de la espera. Al fondo, nimbada por el oro que se convierte en la transparencia fina de la luz, la Madre que sonríe levemente mientras sostiene al Niño en su regazo. No se escucha nada porque la escena está coagulada en el silencio de la ensoñación.
Una noche decidió acercarse a la aldea para convertir el ensueño en realidad. Se dejó guiar por alguien que lo convenció para que fuera a ver a la Virgen. Sólo para eso. Un amigo de verdad. Un cicerone de lujo. Una noche tibia. La oscuridad envolvía el paso huérfano de cera. Sonaba el mantra de los campaniles. La realidad se convirtió, en ese preciso instante, en el sueño mil veces soñado. Descansó en una casa donde los amigos le dieron cobijo. No hubo fiesta. Con el sol en el campanario celeste del mediodía, volvió a buscar la efigie de la Madre. Desde una azotea fue testigo mudo de la belleza. Al fondo, el manto verde de las rocinas enmarcaba el prodigio del instante.

No habló. No dijo nada. Su romería iba por dentro y no le interesaba a nadie. No lo escribió. Lo acogieron en una casa como si fuera de la familia. Allí compartió el pan, el vino y el tiempo con quienes lo sentaron a su mesa. Hoy sentirá de nuevo el fuego que desciende cada mañana para encender el mecanismo del lenguaje. Siempre es Pentecostés en su oficio. Vive de eso. De la llama que le sirve para alumbrarse en la tiniebla. ¿Misterio o razón? En mañanas como ésta no se preguntan esas cosas.
No está en la aldea, no ha hecho el camino, jamás ha dormido en una carriola, no ha montado nunca a caballo, no baila sevillanas en la lentitud de la marisma mientras unos ojos compiten con la miel del atardecer que les saca esa luz dorada, tal vez imposible, a los pinos que lloran en el Coto. No va vestido de corto ni se protege con un sombrero de ala ancha. No lleva una medalla renegrida por el paso de los caminos. Está lejos, muy lejos de la aldea. No es rociero. Nunca lo ha sido. Pero hay algo que rompe sus esquemas cartesianos cuando escucha ese nombre en los labios de una mujer. Algo que lo deja en la soledad de un navío varado en las arenas del misterio.

Francisco Robles
(Artículo de ABC) Día 13/06/2011 – 00.38h

Foro del Rocío

2 comentarios en “La Romería va por dentro

  1. curro

    este comentario va para él,yo hé sentido ese latido en mi interior, desde que tengo uso de razon, cada vez que se menta a la virgen del rocio se me ponen por delante todo de todo lo vivido a su vera,los momentos mas intensos de mi vida los hé vivido en esas marismas,siempre la tengo presente,como a mi madre y a los mios.
    La Virgen esta y estara siempre en las mentes y en los corazones de todos sus hijos. siempre Rocio siempre
    Señora……siempre en ti…Pastora…..

  2. diego

    ¡DE LUJO!

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