La Línea – José Manuel Fernández dedica versos y piropos a la Señora de los peregrinos

El periodista José Manuel Fernández dio ayer el XXXI Pregón del Rocío en el santuario de la Inmaculada que se llenó de miembros de la hermandad.

Entre los presentes se encontraban Juan Genal, miembros de la junta directiva de la Hermandad del Rocío, los sacerdotes Juan Valenzuela y Juan Enrique Sánchez, el concejal de Festejos, Francisco Muñiz, el coordinador de esta delegación municipal, Francisco Cordón, y las ediles Inmaculada Olivero y Raquel Ruiz.

José Manuel Fernández realizó un bonito pregón en el hermoso altar del templo de la patrona de los linenses en el que recordó que son 273 kilómetros los que separan La Línea de la aldea almonteña.

Fernández quiso cantarle «al buen peregrino a la gente rociera que con fe y con sentimiento van por camino y vereda», al niño que de pequeño nombra a la Virgen «un día y otro» y a «ese hombre que sin fuerzas sigue andando por el coto». Pero sobre todo, «a Ella que es nuestro norte, la del llavero y la estampa, la del cuadro del salón, del pendiente y la medalla».

El pregonero señaló que es la Virgen del Rocío es la «que nos marca el camino, que en la aldea nos congrega y nos vuelve medio locos en cuanto mayo se acerca».

«No le cantemos al aire, ni a la brisa ni a los campos, sino a la Blanca Paloma y al Pastor que va en sus brazos», dijo José Manuel Fernández en su discurso, que también aseguro que él quiere «ser el romero, recogido del camino. Y quiero ser amapola y hasta lirio peregrino. Yo quiero ser la bandera con los colores de España que adorna mi Simpecao como las leyes lo mandan. Yo quiero ser cualquier cosa que acompañe en el sendero a la reina peregrina, refugio del rociero».

El periodista reconoció sentir envidia «del rociero de siempre, el de las chozajos y brezos y de marismas sin gente. Ese que dice la copla que creció junto a tu reja y que siempre puede verte porque te tiene tan cerca». Añadió que entonces, los peregrinos disfrutaban de «aquellos parajes entre salvajes caballos» y «se respiraba un silencio que sólo rompía mayo. Un Rocío de pureza sin derroche ni apariencia ni motores ruidosos que acabaron con la esencia». En su pregón, tuvo también sitio la crítica y el periodista indicó que el «paso de los años y de verdad, me da pena, ha convertido el Rocío en inmensa pasarela. Un traje pa cada día, ya sea de corto o gitana y hasta me siento inferior si no hay de todo en mi casa». «Un Rocío sin freno en el que prima el alarde y el frigorífico lleno», apuntó el pregonero.

Fernández expreso su deseo de que la Blanca Paloma acompañe en su vida a los rocieros por «senderos complicados que tan sólo con nombrarla los tendremos superados». Antes de finalizar su pregón se acordó de «todo aquel que no pueda y que este año se quede sin andar por las arenas. Pero al que vaya le digo que defienda nuestra fe que sin piedad nos atacan quienes vicios sólo ven».

El pregonero deseo a todos los que asistieron a la Inmaculada «de corazón que este Rocío sea de vuestra vida, el mejor, que se alegren los pinares, que se ilumine Doñana, La Línea se va al Rocío al compás de sevillanas».


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