En el 90 aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío

En este lunes, se cumplen 90 años de la coronación canónica de la Virgen del Rocío, cuando el 8 de junio de 1919, el Cardenal Almaraz y Santos, Arzobispo de Sevilla, que actuaba como Delegado Pontificio, depositó la corona sobre la Bendita Imagen de la Virgen del Rocío. La Hermandad Matriz ha querido tener presente tan singular acontecimiento en la pasada Romería, con la presencia del sucesor del Cardenal Almaraz en la Archidiócesis Hispalense, el Cardenal Amigo Vallejo, en la Misa Pontifical del Domingo de Pentecostés. También a las ocho de la tarde de este lunes, se celebrará en el Santuario del Rocío, una Misa de Acción de Gracias a la Virgen, por lo que su Coronación Canónica significó para la historia de la devoción rociera.
Aquel día, llegaban a feliz término los esfuerzos de tantas personas, que se pusieron manos a la obra, desde que un año antes, el 25 de mayo de 1918, el insigne rociero de Hinojos D. Juan Francisco Muñoz y Pabón, Canónigo Lectoral de la Catedral de Sevilla, lanzara por vez primera la idea, en su famoso artículo «La pelota está en el tejado», publicado en el entonces diario católico, El Correo de Andalucía.
Desde ese momento, un grupo de notables personas, de talla intelectual y moral y de influencia en la Sevilla y Huelva de la época, devotos todos de la Virgen del Rocío, como el propio Muñoz y Pabón, Juan Luis Cózar y Lázaro, Ignacio de Cepeda y Soldán, Santiago Martínez o Magdalena Almaraz y Santos, pusieron todo su esfuerzo, dedicación e influencia, junto a otros destacados rocieros de la época, como Ana Valladolid, Manuel Siurot, José Villa, Pedro Alonso Morgado… para hacer posible tan destacado acontecimiento, en la historia de la devoción a la Virgen del Rocío.
Esta coronación, la tercera que se llevaba a cabo en la entonces amplísima jurisdicción eclesiástica de la Archidiócesis de Sevilla, tras las de la Virgen de los Reyes (1905), patrona de la Archidiócesis y la de la Virgen de los Milagros (1916), patrona del Gran Puerto de Santa María, supuso una línea divisoria, un antes y un después, en la historia de la devoción rociera, marcando el comienzo de su universalización, y en el proceso de actualización y fortalecimiento de la Hermandad Matriz, como cabeza natural del Movimiento Mariano Rociero.
En efecto, por aquellos años, la dirección del Movimiento Rociero, se encontraba en una situación de orfandad o de transición; por un lado, desde finales del S.XIX, el Ayuntamiento de Almonte había abandonado, tras los procesos desamortizadores, sus funciones como patrono de la Capellanía que en 1587 fundara el sevillano Baltasar Tercero, fundación que dio lugar a la Obra Pía de Ntra. Sra. del Rocío, organización jurídico-eclesiástica que rigió durante siglos, a través de sus Patronos, los Cabildos civil y eclesiástico de la villa de Almonte, los destinos del Rocío. Por otro lado, la Hermandad Matriz, no tenía aún los medios necesarios, ni la suficiente entidad para afrontar semejante tarea.
Una nueva Junta Directiva, elegida en 1917, toma conciencia de la necesidad de asumir una actualización y reorganización en la Hermandad, que la prepare para los grandes acontecimientos que estaban por venir; de este modo, en 1918 se aprueba un nuevo Reglamento, pues las antiguas Reglas de 1758, aún con la mínima reforma de 1852, no servían para los nuevos retos que habían de afrontarse, ni se adaptaban a la renovada legislación canónica que, en 1917, aparecía compilada en el primer Código de Derecho Canónico.
Poco tiempo después de la coronación, en 1920, la Hermandad veía reconocidos sus esfuerzos con la concesión de dos importantes títulos de singular importancia, el de Real, otorgado por S.M. el Rey Alfonso XIII y el de Pontificia, concedido por S.S. el Papa Benedicto XV.
Gracias al impulso y al aliento derivado de la coronación canónica de la Virgen del Rocío, la Hermandad Matriz tomó conciencia de la necesidad de asumir nuevas responsabilidades y un necesario protagonismo, al frente de esta multisecular devoción; se inició así una nueva etapa de esplendor, convertida ya en legítima sucesora de la capellanía, asumió completamente todas las funciones directivas de la devoción rociera, que en los siglos pasados habían correspondido, a los patronos de la capellanía fundada por Baltasar Tercero.

JUAN IGNACIO REALES ESPINA. PROFESOR DE DERECHO CIVIL DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA. VICEPRESIDENTE DE LA HERMANDAD MATRIZ


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