Emigrantes se lleva la luz de Huelva al Rocío

La de ayer fue una mañana llena de Rocío en Huelva. Amaneció un día espléndido anunciado por los vencejos y de ese sol que tanto gusta cuando hay amenazas de lluvia y que se iba resbalando por los cabezos del Conquero, para despertar a la ciudad recreándose en la espadaña catedralicia y llegar a la zona baja, la de la antigua ciudad marinera, la del Molino de la Vega. Allí, al toque de las ocho de la mañana en el reloj de la Santa Iglesia Catedral, por todo el barrio de la Vega Larga y las Colonias se escuchaba el anuncio que los cohetes de Emigrantes hacían a la ciudad de anuncio de su partida. Pronto, muy pronto, la misa de romeros para despertar la mañana y a avivar los sentimiento rocieros. Pero también tiempo de una palomita de aguardiente, poca que el camino es largo y aunque no hay alcoholímetro arriba del caballo, se sabe que lo mejor es aguantar para que la fiesta se alargue. Un día de fiesta, de júbilo en el Molino de la Vega, la iglesia de la casa de Emigrantes acogía la misa de romeros con todo el entusiasmo y la alegría, acompañados por las hermandades rocieras de Cornellá y Sabadell, además de la Hermandad de la Cinta, Patrona de Huelva, que acude a acompañarles en la salida hacia la aldea almonteña. Presidía el acto rociero el párroco de la Merced, José Morales, quien habló de que se vivía la alegría inmensa que lleva los momentos antes de la partida e invitaba a sacar provecho del encuentro de la Virgen y que como Ella cuando fue a casa de su prima Isabel, se viva el espíritu de la caridad, teniendo primero presente a Jesús. Hacía una petición a la Virgen del Rocío, "para que nos ayude a hacer el camino con gozo y satisfacción espiritual". A partir de ese momento todo era la explosión de júbilo con la salida del Simpecado para depositarlo en la carreta de plata. A partir de ese momento la hermana mayor, Josefa Pérez, se hacía cargo de la comitiva, en una salida en la que estuvo acompañada en todo momento por el presidente de Emigrantes Fernando Ramírez. Desde aquí, a la primera visita en la Policía Local, ya tradicional en esta salida con ofrenda de flores. La carreta del Simpecado se encaminaba en los primeros momentos de su salida hacia la Comisaría de la Policía Nacional. Allí este año tenía lugar por vez primera el recibimiento del cuerpo de seguridad. Allí un grupo uniformado y dispuesto casi a pasar revista con unas escalinatas abarrotada de gente. A pie de calle el comisario Miguel Rodríguez Durán recibía a los romeros, allí quería testimoniar el respeto a la Virgen y a la Hermandad de Emigrantes. Momento ya tradicional es con otro cuerpo de Seguridad del Estado en la avenida Cristóbal Colón. Allí la Comandancia de la Guardia Civil recibió a los peregrinos de Emigrantes y de manera este año muy novedosa. Se contó con un coro propio de miembros de la Benemérita que cantaba sevillanas con estribillos en el que decía "que más da que te llames del Carmen o Pilar, guardia civil rociero, para que quiero yo nada más". A lo que siguió la ofrenda floral que entregó el comandante José Antonio Hurtado. Una esquina muy rociera esta, donde también se daban cita los alumnos de colegio Manuel Siurot para cantar la salve rociera. Hay siempre una estampa hermosa en la que de alguna manera Emigrantes se adentra en la ciudad como cuando venía de la parroquia de los Dolores, es su llegada al paseo de la Independencia y las palmeras le hacen ese pasillo de frescor a modo de palio para entrar la Virgen del Rocío. Cerca está el barroco de la Catedral, allí este año un momento muy especial con la presencia por vez primera del obispo de Huelva, monseñor José Vilaplana Blasco, que tiene un vivo deseo de conocer de cerca todo El Rocío. Aquí se rezó con devoción la Salve y le dedicó el mejor de los deseos para los romeros que peregrinan hasta el santuario de la Blanca Paloma. La calle san José se tornaba de fiesta con la presencia del grupo "Albero", que esperaba la llegada con sevillanas una detrás de otras, en una iniciativa d elos comerciantes de la zona. Para hacer una ofrenda floral y cantarle la salve al Simpecado. A partir de ese momento se veía cómo las calles se desbordaban de Rocío, cómo la luz iba besando la carreta de plata de Emigrantes por la calle Puerto. Qué hermosa iba la carreta y que bien se veía por aquí. Desde luego que Pepe Brioso cada año se esmera más en dedicar el mejor exhorno a su carreta. Un florista rociero y cofrade con un gusto que dio ayer originalidad con jarras de orquídeas. En la calle Puerto, la ofrenda que viene haciendo una señora año tras año de una suelta de dos palomas con lazos de Huelva y España, de Emigrantes y de rocieros de Huelva. Para mandar la mejor plegaria para que llegue al cielo más azul e inmenso lleno de emociones. De nuevo los escolares de esta calle eran los protagonistas, con canciones y petaladas, con un día de fiesta de ciudad y viviendo cerca la fe que aquí estos días se llama Rocío. Devoción que la Hermandad de Emigrantes volvía a renovar ante el monumento a la Inmaculada Concepción, donde era girada la carreta y se hacía la ofrenda de un hermoso ramo de flores. Este era un momento luego para ver cómo los mulos trabajan en la subida de la cuesta y disfrutar de los carros que como nadie exhorna Emigrantes y muy especialmente Cristóbal Fernández que presumía mucho de su carro número tres. Desde aquí un saludo por la alta palmera de Quintero Báez para entrar en la Gran Vía por la Casa Colón. Emigrantes ya se notaba en el ambiente del corazón de la ciudad. Había mucha bulla, mucha fiesta y desde aquí sólo la carreta con su hermana mayor y presidente se dirigieron como en los últimos año hasta la plaza Niña. Era como un oasis de paz, un remanso conventual a la vera de las hermanas de la cruz, ahora con salve rociera de los jóvenes del colegio María Inmaculada. A partir de ese momento quedaba la oficialidad de la Gran Vía, de la parada ante la Diputación Provincial de Huelva, con una comitiva encabezada por la vicepresidenta de la Diputación de Huelva, Manuela Parralo. En el Ayuntamiento estaba la corporación municipal presidida por el alcalde Pedro Rodríguez. Allí ambiente de sevillanas, salve rociera y, por su puesto, "Mi Huelva Tiene una ría" tras la inmensa petalada. Para llegar a la Subdelegación del Gobierno y más tarde a la delegación de la Junta. Este año hay que mencionar el recibimiento de la parroquia de la Concepción a Emigrantes, con la Virgen del Rocío en un altar en su puerta. Aquí los rocieros homenajearon con una ofrenda al Nazareno, Señor de Huelva, como dijo el párroco Antonio Bueno. El último adiós en la Comandancia de Marina, con la Salve Marinera.



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