«Nos quedamos sin La Saca de las Yeguas. Descanse en paz Desarrollo sostenible» por Tete Ramos

Ea. Nos quedamos sin La Saca de las Yeguas. Descanse en paz Desarrollo sostenible.
En el 92 nos explicaron qué era eso del Desarrollo Sostenible y algunos nos lo creímos. Lástima que con el paso de los años hemos visto como todos los proyectos que se encaminaban a ese modelo económico, para los que recibimos dinero a espuertas, solo sirvieran para salvar proyectos políticos personalistas y cortoplacistas. Pero entonces éramos felices, el movimiento de la moneda nos tenía muy entretenidos.
Hasta ahora, el Desarrollo Sostenible nos has servido, a la sociedad almonteña al menos, para tener unas arcas públicas con deudas indecentes, un modelo de administración insostenible y una realidad económica necesitada de grandes recursos hídricos y de abundante mano de obra en condiciones precarias que ha cambiado para siempre y en muy poco tiempo el paisanaje y la realidad social de la localidad, introduciendo de manera latente choques identitarios y culturales.
No, para nada veo el Almonte que se podía imaginar después de 25 años de desarrollo sostenible. Por el contrario, cada vez tengo más la sensación de que hemos caminado en el sentido contrario.
Veo a Doñana como un búnker cada vez más grade y más hermético. Aquí está la valla y de la valla para afuera lo que ustedes quieran y de la valla para dentro sólo lo que quiera yo, un disparate pensar que creando fronteras infranqueables Doñana está más protegida. Acabamos dolorosamente de comprobarlo este fin de semana.
Se desvanecen las posibilidades de crear una sociedad que progrese y se desarrolle de manera sostenible, que sea capaz de vivir de manera simbiótica con la naturaleza.
Yo me imaginaba un desarrollo agrícola centrado en los cultivos tradicionales y nuevas explotaciones ecológicas que fueran capaces de dominar un mercado creciente y cada vez más concienciado con la salud alimentaria y medioambiental, capaz de mantener unos puestos de trabajos dignos y estables.
Hace 25 años creía que seríamos capaces de desarrollar nuestro inigualable potencial turístico, regenerando los poblados forestales, convirtiéndolos en villas turísticas de nivel. Alojamientos y rutas a caballo, en bicicleta, senderismo en plena naturaleza.
FORMADES, por ejemplo, fue una magnífica iniciativa implantar un centro de formación para oficios relacionados con el entorno. Me imaginé El Rocío como un destino obligado para todos los amantes del caballo, aquello de “aldea internacional…” y todo eso, con instalaciones que podían haber sido envidiables y rentables. Las “Aulas de la naturaleza” junto a Matalascañas, repletas siempre de colegios, institutos, universitarios… Inversiones en el núcleo costero que realmente acabaran con la enquistada temporalidad del destino…
En fin, creo tuvimos en nuestra mano la oportunidad de desarrollar otro futuro pero que, me reitero, los intereses cortoplacistas, personalistas, partidistas de nuestras administraciones prefirieron derrochar todo el potencial del municipio en compras absurdas (carísimas por supuesto), y en crear fuegos de artificio que impidieran ver a la población que lo estábamos perdiendo todo, hasta nuestras señas de identidad, nuestra historia, nuestra cultura, nuestras tradiciones. Lo hemos malvendido todo. Ni siquiera hemos conseguido que el nombre de Doñana sea un valor añadido para nuestros productos. Hace unos meses, en importantes mercados de Europa, no querían fruta que llevara la etiqueta con este nombre.
Qué pena que ayer no vinieran las yeguas. Almonte pierde algo ancestral cuando el mundo empezaba a conocerlo. Pero lo peor de todo es que esta pérdida constata la defunción total de la idea de Desarrollo Sostenible. Deja claro que por un ataque repentino de localismo de un alcalde de un pueblo se tira a la basura la idea de “Comarca de Doñana” pisoteando sin contemplaciones derechos históricos y que nuestras administraciones no están dispuesta a mover ni una valla para mantener un reclamo turístico (comarcal) de primer orden.
Pues nada, señores. Cierren el parque, suban los muros, pongan puertas de acero, sigan vendiendo Doñana-Serengeti al mundo mientras les vuelven la espalda a sus habitantes. Cierren los ojos y hagan oídos sordos a lo que ocurre de la vaya para afuera.
Después de 25 años y miles de millones invertidos en desarrollo sostenible tenemos para nuestros hijos la posibilidad casi en exclusiva de que encuentren un trabajo debajo de un invernadero compitiendo en precariedad con los más humildes del mundo. De momento al menos, hasta que se implanten las nuevas máquinas que siembran, recolectan, clasifican y envasan que ya están a la vuelta de la esquina.
Y cuidado con lo poco que nos queda. Tenemos la suerte de tener una playa idílica pero ni la más fina arena ni el agua más cálida resistirán un reventón de mierda de la depuradora. Y El Rocío, capítulo aparte, más vivo que nunca por la bendición de una imagen tan inspiradora, dinámico por inercia y no por planificación. Sólo tengamos en cuenta que a pesar de todo lo que lo queremos no hemos sido capaces de tener ni un camino hermoso y decente que comunique Almonte con su aldea. Pero El Rocío tiene para hartarse de escribir y hoy toca lamentarse de la pérdida de la Saca de las Yeguas. Un sepelio al que Almonte asistió ayer de manera multitudinaria aunque la repercusión mediática que debía haber sido también se la comió el fuego.
Y que quede claro que lo que ha ardido es Doñana y no como he visto en algunos telediarios: “Fuego en Moguer, Doñana se salva”. Perversa la idea si es meditada y lamentable si es por desconocimiento. Sí se ha salvado la Doñana considerada de alto valor ecológico, la que consigue reconocimientos internacionales, de la que todos nos sentimos o deberíamos sentirnos orgullosos. Afortunadamente el corazón de Doñana se ha salvado gracias a unos grandes profesionales que no han parado de luchar y a unas administraciones que han puesto todos los medios necesarios. Pero no olvidemos que Doñana sí se ha quemado, no sólo porque la zona afectada tiene un alto grado de protección y pertenece al Espacio Natural de la reserva. Lo que se ha perdido en este incendio es una gran parte de la Doñana que transitábamos, que disfrutábamos, que vivíamos, que tocábamos. Se ha quemado (han quemado, a menos que se demuestre lo contrario) la Doñana que nos une a nuestra propia naturaleza.
La tragedia de este fin de semana debería enseñarnos que Doñana es todo este mundo en el que vivimos. El Chaparral, El Rocío, Matalascañas, Moguer, Hinojos, el colegio de mis hijos… Todo eso es Doñana hasta llegar a la reserva biológica. Y todo eso debe convivir y crear sinergias que permitan avanzar hacia una sociedad más justa, más respetuosa con la naturaleza de la que debemos vivir mientras la conservamos.
Lo único bueno de aquel 92 de Comisión Internacional de Expertos fue que al menos por una vez se debatió por un futuro que durara más de una legislatura y se planteó, al menos en teoría, otro proyecto que no fuera exclusivamente ganar las próximas elecciones. Lástima que sólo fue un espejismo.
Es hora de retomar la idea del desarrollo sostenible, esta vez en serio, aunque sea con menos recursos (porque ya los gastamos). La idea sigue siendo buena, necesaria, imprescindible para volver a imaginar el futuro. Debemos preservar Doñana, amplia y diversa, a toda costa. Porque en Doñana vivimos y Doñana somos. Hagamos un esfuerzo e imaginemos lo que podríamos ser dentro de 20, de 30 años, lo que queremos, lo que se puede conseguir, lo que no puede seguir siendo. Arremangarse todo los actores implicados y a trabajar.
Habría que cambiar muchas cosas pero el desarrollo sostenible es posible ¿Alguien se lo cree?

Tete Ramos



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