Causa de Nuestra Alegría por Santiago Padilla

Aunque algunas hermandades se encuentran en camino desde la semana pasada, y otras han hecho sus salidas protocolarias en sus ciudades distantes del Rocío el pasado fin de semana, la inminente celebración de la Romería de Pentecostés tiene su arranque este martes, cuando la opinión pública está pendiente ya de la pulsión de los senderos que conducen a la aldea almonteña. Es el breve y efímero tránsito que desemboca en la Romería del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, como culminación de un año de trabajos, de compromisos y de anhelos. La que hará de Rociana del Condado, número doce de aquella cita histórica, una hermandad centenaria; en la que se incorporan tres nuevas hermandades filiales (Baeza, Sabadell y Garrucha) hasta completar ciento veinticuatro; y en la que la Hermandad Matriz de Almonte acaba de rebasar los doce mil hermanos, entre otros datos significantes. O la que se verá realzada con la solemne apertura del segundo Año Jubilar del Rocío que nos preludia el próximo Traslado de la Virgen a Almonte, para cumplir el rito de los siete años.
Cabe recordar que el largo camino de preparación de tan trascendental Romería de principios del siglo XX, en 1919, culminado con la movilización de más de veinte cinco mil almas y la llegada del primer vehículo de tracción mecánica, estuvo salpicado de múltiples hitos, entre los cuales quiero subrayar la edición de un pequeño libro que llevaba por título “La Romería del Rocío”. Un opúsculo delicioso de sesenta y ocho páginas escrito por el pedagogo onubense, Manuel Siurot Rodríguez; verdadera joya de la literatura rociera de todos los tiempos. El que se vendía a una peseta desde el otoño de 1918 a beneficio de los gastos de aquellos fastos, que el lideró personalmente en la ciudad de Huelva, consagrándose entonces, como un rociero de referencia histórica.
Por aquel que confesó en sus páginas, públicamente, lo que la Virgen del Rocío hizo a su única hija, Antonia, y en el que nos dejó testimonios antológicos para la devoción rociera, que nos hablan de su militancia activa y presencial: “…..Pues yo digo que es aquella la fiesta de la Naturaleza, la fiesta de Mayo. La Naturaleza y Mayo cantan a la Virgen y el hombre les acompaña para rendir también su tributo. Mayo pone el color y la luz, y el hombre lleva allí a dos hermanas de origen divino, enamoradas la una de la otra: La Fé y la Alegría…..”. O esta otra: “….Aquel Real del Rocío es durante todo el domingo el faro de la alegría y de la luz. Se baila en medio del arenal a pleno sol…..”.
En esta de 2019, que vuelve a ser prolongación de mayo, en las primeras estribaciones del mes de junio, van a estar muy presentes inevitablemente todos los que hicieron posible ese gran acontecimiento de la historia rociera, cuando El Rocío despertaba a un nuevo siglo y era una aldea en sentido literal, en plena efervescencia de las Coronaciones Canónicas. Y de un modo especial, aquel que fue apóstol de la fe rociera y escribió con su vida un tratado fecundo de amor a la Reina de las Marismas, cuya Romería propagó año a año, a partir de entonces, en las páginas de este diario, como cronista de lujo. El mismo que renunció a una prometedora carrera política y jurídica para dedicarse a la educación de los niños pobres de Huelva, en las Escuelas del Sagrado Corazón, creadas también para frenar el avance del protestantismo en la ciudad que era bastión de los ingleses, explotadores de las Minas de Riotinto; y se hizo un pedagogo de reconocido prestigio internacional.
Porque, ¿qué mejor modo de celebrar el Centenario de la Coronación de la Virgen del Rocío con la reciente apertura de su causa de beatificación por la diócesis de Huelva, siguiendo la estela del primer rociero en los altares, el presbítero sevillano, San Manuel González García?. Del amigo y precursor del propio Siurot en su estancia en Huelva, para testimoniar con su biografía deslumbrante que El Rocío es camino de santificación personal, en el que usando su célebre frase: “cantar y bailar, comer y beber, todo es rezar”.
Por él, por lo que significa para la historia del Rocío; por todos los protagonistas de la Coronación, y por los romeros y peregrinos que harán la Romería de este año del Centenario, brindo con un vino de la tierra, desde la casa de Ignacio de Cepeda, que él inauguró en la Romería de 1923 y en la que escribió tantas crónicas rocieras insuperables, en pleno Real del Rocío, donde fue coronada la que sigue siendo causa de nuestra alegría.
Fdo. Santiago Padilla. Almonte, 3 de junio de 2019, Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío.

Publicado en ABC de Sevilla el 3 de junio de 2019



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