El comunicador recorrió la memoria, las vivencias y la fe heredada con las que el pueblo almonteño se prepara para el Traslado de su Patrona.
En Directo
Almonte, 6 de agosto de 2026 – “Hay una tarde cada siete años en la que el tiempo empieza a contarse por latidos”. El comunicador Carlos Herrera Crusset puso anoche palabras a la espera, la memoria y la emoción por vivir una nueva Venida de la Virgen, en una exaltación que reunió en el Santuario de Ntra. Sra. Del Rocío a multitud de almonteños y rocieros, en unas semanas en las que se concentra la agenda de verano más intensa de la Hermandad Matriz.
La Venida apareció en sus palabras como la celebración más íntima y familiar de Almonte: el momento en el que el pueblo acompaña a su Madre desde la aldea hasta su pueblo. Herrera recreó la salida al atardecer, la noche por el Camino de los Llanos y la llegada con las primeras luces del día, poniendo el acento en la forma singular con la que los almonteños esperan, acompañan y llevan a su Patrona.
La exaltación miró también hacia la continuidad de esta devoción y hacia quienes comienzan a descubrirla. “Veremos el futuro hacerse carne en quienes apenas empiezan a comprender lo que significa ser almonteño, que no es solo recorrer kilómetros de arena, sino atravesar siglos de historia, caminar sobre la fe heredada de los mayores, comprendiendo que hay caminos que nunca terminan”, proclamó Herrera.
El acto fue abierto por el presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, quien presentó la Exaltación como una antesala de los días de fervor y devoción que conducirán hasta el traslado. Sobre Carlos Herrera, destacó su compromiso con la defensa de las tradiciones, su conocimiento de El Rocío y su capacidad para compartir unos sentimientos de los que “es y se siente hermano”. Padilla describió el Santuario como “una ascua de luz incandescente” ante la Virgen, vestida de Pastora, que aguarda ya el momento de ser llevada a Almonte.
Herrera se detuvo en esa espera que Almonte mide de siete en siete años. “En siete años pasan muchas cosas, muchos llegan y otros muchos se van”, afirmó, antes de contraponer el paso del tiempo en las personas con la presencia permanente de la Virgen: “Nosotros cambiamos, nos vamos pareciendo a la fotografía sepia de nuestros padres o nuestros abuelos, pero Ella sigue ahí, siendo la misma”. Una reflexión que llevó la exaltación hacia la memoria de quienes vivieron otras Venidas.
Herrera evocó también a las abuelas almonteñas, “fe caminando por el tiempo”, recordó vivencias y afectos familiares y presentó el traslado como la celebración más cercana y familiar de Almonte: el momento en el que el pueblo acompaña a su Madre entre recuerdos, promesas y ausencias que vuelven a hacerse presentes en el camino.
El empresario Ricardo Laguillo Morejón fue el encargado de presentar al exaltador, de quien destacó su condición de creyente y rociero y su capacidad para emocionar a través de la palabra. “Esta noche no tienes delante a una audiencia, tienes delante al pueblo de Almonte que espera escucharte con el corazón abierto para que le hables de la Venida de su Madre”, le dijo antes de cederle el atril.
El Párroco de Almonte y Rector del Santuario, D. Francisco M. Valencia, tomó la palabra al término de la exaltación para invitar al rezo de la Salve ante la Virgen, que culminó con los vivas del Hermano Mayor de la Hermandad Matriz, Juan de los Santos. El acto incluyó también la entrega de sendos recuerdos al exaltador y a su presentador; dos obras de la Virgen vestida de Pastora realizadas por el artista pontanés Javier Aguilar.
Fue una tarde-noche en la que el Santuario, lleno desde la misa de la tarde, reunió a numerosos almonteños y rocieros, junto a autoridades, representantes de hermandades y miembros de la familia de Herrera. Tras la Exaltación, la noche concluyó con un encuentro en la Casa Hermandad, que contó con la colaboración de la familia de Bodegas Acontia y sus vinos.




