APOTEOSIS DE MADRUGADA – Homenaje a Don Antonio Millán Pérez

El pasado sábado 18 de septiembre, falleció D. Antonio Millán Pérez, quien fuera Presidente de la Hermandad Matriz desde el año 1959 hasta 1970.

Reproducimos el bello artículo de D. Santiago Padilla, publicado el pasado día 2 en el ABC de Sevilla:

APOTEOSIS DE MADRUGADA

De madrugada llegó a tu lecho sigilosa y callada. Te encontró desdibujado, perdido en una nube, cuando la aurora aún soñaba, y los muchos años vividos, benditos años, cicatrizaban tus llagas. Sin tiempo y sin apenas memoria, con la paz del semblante iluminando tu cara, arrullado entre caricias hogareñas que honraron y suavizaron tu travesía más larga. De esa siembra de amor, que dejó renuevos de troncos y de verdes ramas; de esa savia nueva que llega ahora a los brotes y a las yemas tiernas más apartadas, como en los viejos acebuches en la Vera de Doñana.
Se apagó tu espíritu emprendedor y tus intuiciones tan sabias, y casi se cerró un tiempo y una generación venerable y sacrosanta. Y se secó el sudor de tu frente estucada; el que tantos Lunes de Pentecostés brotó de tu pecho, en ese holocausto de amores que nace al pie de Sus andas. De ese sudor intrépido y valiente con el que se le labró a la Reina una nueva morada, sin reparos de dolor, de sacrificios, ni de nada, porque esa Gloria de Almonte merecía un nuevo estuche para enjoyarla. Así lo sentenció el Obispo Cantero, promotor de tamaña hombrada, y así metieron sus hombros jóvenes almonteños en los costeros, como no hay memoria en nuestra historia, siete veces centenaria. Y así, bajo tu batuta, se vencieron obstáculos y la ley de la gravedad sí hizo falta; y se hizo el milagro sobre esfuerzos, sobre el sudor y las lágrimas, con la firme convicción de que Ella llega con su infinita Gracia, hasta dónde nuestra vista no nos alcanza.
No era el alba, ni la aurora, que era noche cerrada, cuando la brisa de la marisma te envolvió en sus sábanas blancas, como sí fuera un sudario de oraciones y plegarias, prendidas en sus márgenes por manos aterciopeladas; de esos buenos rocieros que disfrutan ya de la Eterna Morada; para hacer ese último tránsito que termina a los pies de Sus divinas plantas.Y hubo júbilo y hubo gozo, y hubo alegría y algazara porque esta no es gloria circunstancial y efímera, que es la gloria que no pasa.
Angeles de canela, romeros de sol y plata te llevaban en volandas, al son de cítaras y sonajas, por caminos y veredas cuajadas de resplandores de nácar.
Fue entonces cuando rompió la noche un rajear de guitarras, y sonó el tambor y el romerito acompasado con la flauta, y un fandango por Huelva y una seguiriya gitana, y ecos de campaniles y de cohetes en lontananza, y de vivas rotundos y macizos, de esos de rompe y rasga; y una salve rociera que de la tierra se levanta, envuelta en el incienso que la marisma nos exhala; poniendo en tu último peregrinar un bálsamo de fragancias maceradas; de almoradux, de romero, de juncia y de sabina, de perfumada albahaca; y una lira angelical presagio de inmortal, sublime y reluciente alborada.
Pastora del Rocío, Blanca Paloma y Soberana, que saliste a su encuentro y lo asiste a Tus Alas, dale sitió de honor al que te labró en la tierra una casa; el que propagó con celo tu nombre desde estas tierras huelvanas, donde el eco de tu devoción simpar tiene hoy reverberaciones en toda España.
Y a ti, Antonio Millán, almonteño de raza, que te fuiste una noche de septiembre al despuntar la madrugada, con ecos pentecostales de glorias y alabanzas; ayúdanos ahora tu, desde esa orilla privilegiada; desde esas marismas azules que ya nunca se acaban, a seguir labrándole a la Virgen un pedestal de traza humana, donde brillen relucientes nuestras obras de amor, de fe y de esperanza. 

Santiago Padilla Díaz de la Serna




Foro del Rocío

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