A Julio Mayo, archivero – Artículo de Santiago Padilla en ABC

Me pregunto al iniciar estas líneas, cómo te hubiera descrito el moguereño universal, el maestro de la palabra, Juan Ramón Jiménez, ahora que nos acercamos al centenario de su obra maestra, «Platero y yo». No sé porqué a estas horas, pensando en ti, querido Julio Mayo, me viene a la memoria el capítulo que le dedica a mi pariente Darbón, el veterinario de Platero, aunque con menos edad, claro: «…es grande como el buey pío, rojo como una sandía. Pesa once arrobas.. (….) Pero se enternece, igual que un niño, con Platero. Y si ve una flor o un pajarillo, se ríe de pronto, abriendo toda su boca, con una gran risa sostenida….». Quizás pensando en ese contraste, tan sabiamente descrito, entre tu corpulencia y apariencia y la nobleza y la sensibilidad exquisita de tu alma. Y quizás, porque te he oído, por primera vez desde que nos conocemos, llorar como un niño, …como lo hacía el viejo, Darbón.
Sé que estás completamente roto por lo que le han hecho a tu pueblo. Pues nadie como tú conoce el alcance del magnicidio perpetrado. Qué te ha sobrecogido esta madrugada, cuando, como siempre al pie del cañón, terminabas tu último artículo para las páginas de ABC, con motivo de las celebraciones que estos días vive tu pueblo de adopción, Utrera, para glorificar su historia y la historia de su gran devoción mariana, Consolación.
¿Quién podría imaginar, que a estas alturas de la historia se pueda quemar intencionadamente, como apuntan todos los indicios, el archivo administrativo y documental de un pueblo, que tú cuidabas con t anto mimo y dedicación, para solucionar o resolver problemas de índole personal o particular de quien fuere ?. ¿Con qué derecho y finalidad? Como ha ocurrido al principio o al final de tantas guerras, que han destruido tanta información sustancial y determinante para construir y reconstruir la cultura y las señas de identidad de nuestros pueblos, siempre en grave riesgo de ser reinventadas o reorientadas, interesada e impunemente, al gusto irrespetuoso de quien fuere. Cuántos y cuántos archivos han terminado siendo pasto de las llamas para desgracia de todos, para satisfacer fines espurios y, o turbios… Y que esto ocurra además el día en que una nueva presidenta de la Junta de Andalucía, la primera que hemos tenido en nuestra corta autonomía, haya hecho una solemne declaración contra la corrupción que nos asedia y que amenaza con desestabilizar el sistema que nos hemos dado entre todos.
Cuántas horas de trabajo y de sacrificio, Julio, pensando, no en los de ahora, sino en las generaciones futuras de tu pueblo se han destruido en cuestión de unas horas. Porqué, qué fácil es destruir. Cuánta información de verdadero interés para los palaciegos que han de forjar en adelante la historia de tu pueblo, con referencias y conexiones con vuestro pasado. Y cuánta pérdida también para los investigadores que podían buscar y encontrar en ese archivo municipal elementos referenciales o comparados para sus trabajos de investigación y de estudio, apoyados en vuestras experiencias de pueblo.
En este momento, en el que te sé profundamente abatido y desbordado por los acontecimientos, porque te han arrancado de cuajo un trozo de tu alma. En este momento de sufrimiento,…. quiero homenajear en ti a las personas que habitualmente en lugares, frecuentemente lúgubres, y no pocas veces insalubres, y con pocos medios, porque no suele ser la niña mimada de nuestras administraciones locales, ordenan, cuidan y guardan la información que da contenido a la historia de nuestros pueblos. Aquella, esencial, con la que otros investigadores reconstruyen y elaboran sus hipótesis de trabajo que nos ayudan a entendernos y a comprendernos mejor. Gente formada y cultivada, que vive en el anonimato de esos espacios, sagrados para la historia y la cultura local.
No hay mayor infamia para los amantes de la cultura que lo acontecido la madrugada del jueves en tu pueblo. No hay mayor dolor para un archivero, amante además de su pueblo y de su profesión, que ver su trabajo destruido y arruinado, gratuitamente. Lo peor, es que aquellos que han dado este gravísimo paso, es evidente que han dejado atrás la palabra, el único instrumento de entendimiento en las sociedades civilizadas, y se adentran en una resbaladiza espiral de violencia que creíamos alejada y que no queremos en nuestras calles y en nuestros pueblos. En esta hora de ausencias; de ese espacio natural y vital, ahora arrasado, en el que te movías como un pez en el agua, aquí tienes mi palabra de estímulo y de consuelo.

Santiago Padilla
 

 




Foro del Rocío

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