LA CAPILLA del FORO - Lecturas del dia · Conversación archivada
Lecturas 2 de noviembre
Iniciada por brisa_marisma · 1 de noviembre de 2008, 23:47 · 4 mensajes
brisa_marisma
02/11/2008, Domingo de la 31ª semana de Tiempo Ordinario.
Conmemoración de todos los fieles difuntos
PRIMERA LECTURA
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26
Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.» Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello, y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6. 7. 8
R. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R.
Si llevas cuenta de los delitos,
Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia
la redención copiosa.
Y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.
SEGUNDA LECTURA
Andemos en una vida nueva
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-9
Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al pecado: porque el que muere ha quedado absuelto del pecado. Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
EVANGELIO
En la casa de mi Padre hay muchas estancias
+Lectura del Santo Evangelio según San Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. » Tomás le dice: -«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: -«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»
Palabra del Señor.
Francisco_sevilla
El-caminante
¡¡¡Gloria a Ti, Señor Jesús!!!
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
En la casa de mi Padre hay muchas estancias
ORACION FINAL
Porque trabajaron por sus familias
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque sufrieron en algunos momentos
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque les quisimos y no les olvidamos
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque creyeron y esperaron en TI
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque murieron y quieren vivir
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque fueron bautizados en tu nombre
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque se fiaron de tu Palabra
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque, un día, queremos volverles a ver
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque quisieron ver la LUZ
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Porque son tus hijos, Señor
DALES EL DESCANSO, SEÑOR
Virgen del Rocío: Ruega por los difuntos.
Virgen del Rocío, Reina de las Marismas:
Ruega por nosotros para que después de la muerte gocemos de las Marismas Eternas del Cielo
JoseAlmeria7
!!GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!!
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino»
Hoy, el Evangelio evoca el hecho más fundamental del cristiano: la muerte y resurrección de Jesús. Hagamos nuestra, hoy, la plegaria del Buen Ladrón: «Jesús, acuérdate de mí» (Lc 23,42). «La Iglesia no ruega por los santos como ruega por los difuntos, que duermen en el Señor, sino que se encomienda a las oraciones de aquéllos y ruega por éstos», decía san Agustín en un Sermón. Una vez al año, por lo menos, los cristianos nos preguntamos sobre el sentido de nuestra vida y sobre el sentido de nuestra muerte y resurrección. Es el día de la conmemoración de los fieles difuntos, de la que san Agustín nos ha mostrado su distinción respecto a la fiesta de Todos los Santos.
Los sufrimientos de la Humanidad son los mismos que los de la Iglesia y, sin duda, tienen en común que todo sufrimiento humano es de algún modo privación de vida. Por eso, la muerte de un ser querido nos produce un dolor tan indescriptible que ni tan sólo la fe puede aliviarlo. Así, los hombres siempre han querido honrar a los difuntos. La memoria, en efecto, es un modo de hacer que los ausentes estén presentes, de perpetuar su vida. Pero sus mecanismos psicológicos y sociales amortiguan los recuerdos con el tiempo. Y si eso puede humanamente llevar a la angustia, cristianamente, gracias a la resurrección, tenemos paz. La ventaja de creer en ella es que nos permite confiar en que, a pesar del olvido, volveremos a encontrarlos en la otra vida.
Una segunda ventaja de creer es que, al recordar a los difuntos, oramos por ellos. Lo hacemos desde nuestro interior, en la intimidad con Dios, y cada vez que oramos juntos, en la Eucaristía: no estamos solos ante el misterio de la muerte y de la vida, sino que lo compartimos como miembros del Cuerpo de Cristo. Más aún: al ver la cruz, suspendida entre el cielo y la tierra, sabemos que se establece una comunión entre nosotros y nuestros difuntos. Por eso, san Francisco proclamó agradecido: «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal».
AUTOR:Agustín Boadas
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