Acta del juramento del llamado voto del Rocío Chico de 1813
"En nombre de Dios Nuestro Señor Todopoderoso,
amén.
En la Villa de Almonte, a dieciséis días
de Agosto de mil ochocientos trece, estando los señores que componen
los Cabildos secular y eclesiástico y venerable Hermandad de la
Reina de los Ángeles, María Santísima del Rocío que
abajo firmarán y señalarán como acostumbran, en la
sacristía de la única iglesia parroquial de esta nuestra
Villa, por ante mi el escribano-secretario del Ayuntamiento Constitucional
y Hermano Mayor de la referida Hermandad, para tratar y conferenciar las
cosas pertenecientes al justo y debido reconocimiento en que debemos vivir;
y demostración en alguna parte de la acción de gracias que
debemos tributar a tan Soberana imagen, acordaron lo siguiente:
En este acto se hizo presente por el Sr. Presidente,
que son tantos los innumerables prodigios y aún conocidos milagros,
que ha obrado la Reina de los Ángeles María Santísima
del Rocío en todas las épocas desde su memorable y sagrada
aparición, con esta Villa y todos sus naturales y ciudadanos
que han tenido el honor de visitar su ermita, que los ha obligado, aún
en los climas mas remotos de Ultramar; a fundar capellanías y
establecer monumentos de gratitud, y sin atender a los singulares beneficios,
que en la antigüedad ha merecido esta afortunada población de
tan soberana imagen contrayéndose los que abajo firman solamente
al prodigio que los ha estimulado a la reunión de voluntades
de que se hará expresión no pueden menos, para que en
todo tiempo conste y que los venideros puedan aumentar su devoción
hacia tan soberana Madre, que después de Dios nos hace existir,
que manifestar; que por la desgracia de los hados se hallaba el reino
sumergido en el mayor abatimiento por la intriga de los favoritos, que
habían conseguido dejar a la nación española en
la mayor miseria, extrayendo de este hermoso reino lo más florido
de sus tropas a países extranjeros, a servir al más inaudito
y feroz tirano que se ha conocido, Napoleón, Emperador de los
franceses, entregándose bajo los pretextos capelosos las fortalezas
que dividen este reino del de Francia y aún la misma capital,
Madrid; hasta que el día diez y nueve de Marzo de mil ochocientos
ocho, improvisamente, y sin que pudiera preverlo la astucia del Favorito,
se levantó una gloriosa revolución en el Real sitio de
Aranjuez por la cual abdicó la corona nuestro católico
monarca el Señor Don Carlos IV en el señor Príncipe
de Asturias, proclamándolo, recibiéndolo y jurándolo
toda la nación inmediatamente por su legítimo rey que
lo es Señor Don Fernando VII (que Dios guarde muchos años);
con cuya novedad ocurriendo el Tirano a nuevos ardides de su felonía
la intentó engañar; como lo hizo, a nuestro joven monarca,
llamándolo para conferenciar en la ciudad de Bayona, como población
rayana del reino de Francia, bajo de las palabras de honor y seguridades,
que no dejaron la más leve duda, al más virtuoso de los
monarcas, arrebatándose así mismo todos los señores
reyes e infantes de la Casa Real con tal escándalo que, por que
el patriota pueblo español, Madrid, trató de impedir la
salida del infante D. Antonio y demás personas de la Casa Real,
que aún existían en aquella capital, tomando la mano y
haciéndose parte el digno satélite del tirano Emperador;
Murat, tan sanguiniario como su Amo, sacrificó a las primeras
víctimas de nuestra sagrada revolución el 2 de Mayo del
mismo año de 1.808, tratando a dicha capital, como el pueblo
mas enemigo y rebelde, degollando y destruyendo la población
en los términos más inauditos, teniendo la avilantez,
por estar guarnecido con un formidable ejército de ocientos mil
homhres, con el cual se creía señor de la valiente y nunca
bien ponderada Nación Española, de expedir un bárbaro
decreto imponiendo pena de la vida a el español que matase a
un francés, y la de incendiar; saquear y degollar la población
y sus habitantes, donde se encontrare derramada la sangre francesa;
cuyo execrable atentado irritó el generoso corazón español
en tales términos, que no acobardándolo lo numeroso y
aguerrido de las tropas enemigas, que contaban con ochocientas mil bayonetas
y más de cien mil caballos, levantó el sagrado grito de
la libertad de su Religión, adorado Monarca y amada Patria, declarando
abiertamente la guerra al expresado tirano, quien creyendo acabar con
la nación, arrojó un formidable torrente de tropas a las
Andalucías, y el pueblo, que defendía su justa causa,
los destruyó y derrotó en la única bien ponderada
batalla de Bailén, el diez y seis de junio del mismo año;
con cuyo hecho, irritado más más el tirano. se arrojó
personalmente el dos de Diciembre del citado año, aunque disfrazado,
a la expresada capital, Madrid, con un torrente de tropas, que inundaron
las provincias por donde transitaron, y se extendieron a la mayor parte
de la Península española. En cuyo miserable estado y careciendo
de fuerzas humanas, en general y particular; el mariano y católico
pueblo español acudió a las divinas, impetrando en tanta
necesidad y, aflicción el auxilio del Todopoderoso, y especialmente
el pueblo de Almonte, no arreviéndose por sí mismo, por
carecer de méritos a rogar al Señor de los Ejércitos
por la prosperidad de la nación, se arrojó a los pies
de las Reina de los Ángeles María Santísima, Nuestra Madre
y Señora del Rocío; pasó en devoto procesión
y penitencia ante su ermita de donde en hombros de la fe, con admiración
de la Península, la trasladó a esta única Iglesia
Parroquial el día 11 de Enero de mil ochocientos nueve, desde
el cual principiaron las rotativas públicas y secretas, cantando
todas, las noches infaliblemente la Salve con asistencia de todo el
clero, concurso del más devoto de los pueblos mariainos, por
cuyas súplicas, y lo que es más, por el conocido y deducido
empeño dc la Reina de los Ángeles, María Santísima,
en favorecer a sus devotos, se ha conseguido la existencia de este pueblo,
pues el veinte y ocho de Febrero del año del mil ochocientos
diez, habiendo ocupado los enemigos las Andalucías y este nuestro
hermoso pais, recibiendo la Autoridad de esta Villa una leve proclama
del general español Santisteban, que estaba con muy poca gente
en la. Villa de Niebla, pidiendo auxilio convocó y alarmó
esta población haciéndola levantar en masa contra los
franceses, en cuyo acto se recibió a las dos de la madrugada
un oficio del Comandante francés, el Príncipe de Aretnberg,
mandando se le remitiese inmediatamente un crecidísimo suministro
para sus tropas, que, llenas del mayor orgullo, se hallaban en la Villa
de La Palma; y en lugar de obedecer su mandato este pueblo generoso,
prendió al conductor (del oficio) y continuó su proyecto
de pasar a Niebla a dar auxilio al general español, y cuando
llegó en aquella madrugada a las alturas de dicha Villa de Niebla.,
se encontró con las tropas francesas dentro, y que se ignoraba
la ruta, que habían tomado los españoles; por cuya causa,
venida la noticia a esta villa, se le dio libertad al Propio de La Palma,
encargándole el secreto de su prisión, y lejos de hacerlo
así, maniféstó cuanto había advertido, por
cuya razón decretó el Príncipe de Aremberg que
pasasen cien dragones a castigar a este pueblo rebelde y cumplir los
decretos de su intruso Rey; y ocurriendo este pueblo a su protectora,
Nuestra Madre y Señora del Rocío, le estimuló a
que cumpliese el suministro que le pedía, y destinase diputación
para satisfacer a los cargos que le hiciese, y cumpliéndolo así
consiguió el perdón, sin sufrir el más leve perjuicio.
Enseguida
se expedieron órdenes por el intruso Gobierno, mandando establecer
en esta villa la Milicia Cívica, destinando para ello el dos de
abril del mismo año al Coronel Monteau, que con cien dragones de
la Caballería y del Príncipe obligase a estos vecinos a
servir en clase de cívicos, y sin embargo de la dureza de sus órdenes,
se despreciaron cuando se separó de esta población, cuyo
hecho irritó al Mariscal Soult y lo estimuló a que destinase
a esa villa una partida de caballería del número 4º, comandada
por el peor de sus satélites, D. Pedro Dosau, quien con piel de
oveja y corazón de tigre, trató desde un principio en que
entró en esta hermosa población, que fue el veinte de junio
del nominado año, de sacrificarla, haciendo que sus moradores desde
la edad de quince hasta más de sesenta años todos se alistasen,
y viendo este pueblo que iba a ser sacrificado, ocurrió a la protección
de la Reina de los Ángeles María Santísima, con la que consiguió,
que por más diligencia, que hizo, no se realizó, sin dejar
de trabajar hasta el 16 de Agosto del antedicho año de 1.810, a
las diez de su noche, en cuya hora recibió el Magistrado una orden
del Capitán Dosau, la más dura, para que sin excusa ni disculpa
se diese cumplida la Milicia Cívica el día siguiente a las
diez de su mañana; y conociendo lo imposible de su cumplimiento
volvió a recurrir a su Protectora, y llegada la hora citada se
encontró con la novedad de haber venido una partida de gendarmes
a relevarlo. En esta crítica situación entre la una y las
dos de la tarde del mismo día diez y siete, se arrojaron a esta
villa treinta y nueve paisanos patriotas, que sorprendiendo a las dos
partidas francesas compuestas de ochenta y ocho hombres, mataron al Capitán
Dosau y otros cinco soldados y llevaron prisionero al Comandante de los
gendarmes y a toda la tropa, a excepción de catorce de éstos,
que se escaparon, cuya famosa acción la consiguieron por e lfavor
de estos vecinos; de cuyo hecho noticioso el Mariscal (Soult) destinó
una partida considerable de caballería con la orden de saquear;
degollar e incendiar; y en efecto, siendo entre cuatro y cinco de la tarde
del día siguiente diez y ocho, se arrojaron con sable en mano,
vomitando fuego hasta el más mínimo soldado. Llegada la
noche, como entre ocho y nueve de ella, hizo el Comandante francés
reunir en la casa de su habitación los dos Cuerpos, eclesiástico
y secular; intimidándole la orden, y pidiendo un Capitán,
que hacía de Fiscal, la destrucción de la población
y cumplimiento de las órdenes de su Emperador; comunicadas por
Murat, y especialmente, la última de Soult, los ultrajó
con los mayores improperios, los prendió y amenazó de muerte,
en cuya época desde las diez de aquella noche principió
a saquear la población, no determinándose a poner en ejecución
en todas sus partes la orden, por no haber llegado una partida de ochocientas
infantes, que venían de camino resueltos y decididos a castigar
a este pueblo con todo el rigor de la ley, como lo habían hecho
por muchos menos motivos con otros pueblos del Reino: ocurrio el de esta
villa, en su mayor aflicción, a su Abogada y Protectora en términos
que consiguió apiadar el brazo de la divina Justicia, contentándose
sólo con llevarse presos a los señores Vicario y Alcalde,
dando libertad en la villa de Hinojos al primero; y, recibiendo aviso
de que la infantería estaba en la inmediata villa de Pilas, expidió
su Orden para que retrocediera, como lo hizo, con general disgusto de
la tropa.
En esta crítica y lamentable situación, y deseando los que
abajo firman manifestar algún tanto el reconocimiento y gratitud
que deben al Todopoderoso Dios Nuestro Señor; por la intercesión
de la Reina de los Ángeles, Maria Santísima Nuestra Madre y Señora
del Rocío, de unánime consentimiento y conformidad, >han
acordado hacer; como hacen, voto formal y expreso, por sí y en
nombre de los que le sucederán en adelante, para siempre jamás,
de pasar en la madrugada de día diez y nueve de Agosto de este
año y de todos los venideros, a la ermita de Nuestra Madre y Señora,
a cantar una solemne Misa en acción de gracias por el singular
favor de haber conservado este pueblo, de las furias y rigor de los satélites
del tirano, par lo cual se anunciará al público el diez
y ocho con repique de campanas y el diez y nueve pasará una diputación
compuesta de tres señores eclesiásticos, tres individuos
del Ayuntamiento Constitucional y tres hermanos de la venerable Hermandad,
en señal del justo reconocímiento en que vivímos
por el expresado favor, y el de haber libertado las Andalucías
y su Capital el 27 de Agosto del año pasado de 1.812 con las demás
victorias conseguidas; y mandaron se extienda en acta formal para su cumplimiento,
de que doy fe
Firman:
-Fernando
Viejo, Alcalde -Doctor José María Méndez, Vicario
Eclesiástico.-Alfonso Domínguez, Cura interino-José
García, Presbítero, Capellán de la Señora.
Juan García Cabrera -Juan dc Cala, José Martínez-Juan
Romero y Cepeda - Manuel Moreno - José Pascual Rodríguez,
Presbítero-Antonio Benítez. -+ Señal del Señor
Regidor; Juan Matías Parralo. - Juan Lozano, Presbítero
- Miguel Roldán. -Federico Roldán-José Martínez
Salazar - Mariano Sevillano - Antonio Rancillo - Bachiller Francisco de
Paula Ortega. - Juan José de Rivas Pedro de Barrera. - FranciscoBañes.
- Domingo Espina - Pedro Martínez -José Novoa Presbítero-Fernando
de Toro.-Gonzalo Cabrera, Presbítero.- Antonio Gómez, Presbítero-
Pedro López Prieto. -Juan García Hervas- José Barrera.
- Fernando Larios.- Miguel Lozano. Juan de Dios Benedo. - Francisco Peláez
- Orosia de Ayala, camarísta y Hermana Mayora.-Juan José
Lagares, escribano y Hermano Mayor - .
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