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Presentación del Reportero.
No soy más que un pobre ángel.Visto larga túnica
de cintura ceñida y amplias mangas; pero no tengo cuerpo. Sí
tengo alas: blancas como el armiño y suaves como la piel de un
pequeño que acabara de cumplir los dos meses y medio.
Por mi carácter, y por mi misión, los amigos me llaman Méhí
-Juyáh, «Alegría de Dios».
Soy reportero de profesión. Ando siempre a la caza de noticias.
A la caza sólo de las buenas, de las alegres, de las agradables.
Las malas y fastidiosas se las dejo a un compañero de promoción
al que, por eso mismo, le llamamos «Ajmáh-Eloá»,
«el llanto de Dios».
Un día, el Gran Hacedor me llamó a la tertulia de los jueves.
Como cada semana, sólo Miguel, Gabriel y Rafael tomaban café
con el Señor.
- «Aléhl-Juyáh, me dijo el Jefe, necesito que me
hagas un informe. Más de tres horas llevamos aquí discutiendo
y no nos aclaramos.
«Gabriel dice que allá abajo, en la tierra, cada año ocurre
algo que es divino. Miguel, peleón como siempre, lo contradice
y exaspera porque sostiene que no, que aquello es un infierno, y el buenazo
de Rafael, el restañador de heridas, trata de poner paz y le dice
al uno: «Sí, Gabriel, tienes razón; pero... no, no es así».
Y luego, a Miguel: «No, Miguel, no tienes razón; pero... sí,
es lo que dices, un infierno».
«Y aquí me tienes a Mí, en ayunas de saber qué diablos
es lo que los andaluces llaman «El ROCIO».
«Anda, bájate a la tierra, infórmate tú, e infórmame
luego a Mí».
Y bajé. Y me informé.
En un lugar de privilegio hay una Ciudad privilegiada, Ronda,
cuya jovencísima Hermandad del Rocío ha alcanzado prematura
madurez. La belleza incomparable de la Ciudad me sugestionó e hipnotizó
de tal manera que decidí recabar en ella los informes que necesitaba.
Bajé, pues a Ronda, y me informé.
Y diligentemente, en correos sellados y lacrados, informé a mi
Señor. Uno tras otro, con paciencia, con interés creciente,
fui enviando los informes, secretos y emocionados. De todos ellos hice
copia, y me las quedé. Y ahora, muchas noches, antes de dormir,
abro el dossier y releo alguna de sus páginas:
«Soberano Señor, ¿Que qué es el Rocío? ¡Ay, Señor!,
EL ROCIO ES... »
Y pensando en ello, me duermo feliz.
(a continuación reseñamos el final de algunos capítulos)
EL ROCIO es... un olé colectivo que, lanzado al aire por
Andalucía, atraviesa valles y montes, campos y sierras, ríos
y marismas, y, convertido en Salve,
muere a los pies de la Blanca Paloma cuando se estrella contra las albas
paredes de su Ermita.
EL ROCIO es... un retoño de mujer que duerme en su cama
sonriendo feliz, porque tiene al cuello la medalla; y cuatro angelitos
de esquina que lloran desconsolados porque, al no tener cuerpo, jamás
podrán llevar al cuello la medalla del Rocío.
EL ROCIO es... ¡Cientos, miles, millones de besos de medallas peregrinas,
besando a Vuestra Madre en las Carretas, en los Simpecados, en los Estandartes,
en los Pechos Peregrinos del Rocío!
EL ROCíO es... un puñado enorme de hombres y mujeres
que, habiendo sentido el toque rociero de Vuestra Madre, hacen de sus
vidas, antes hueras y vacías, un compromiso auténtico de
servicio a Vos, a Vuestra Madre y a la Sociedad
EL ROCIO es... un pueblo que se echa a la calle, o una mujer herida
de muerte que se asoma a la ventana, para decir adiós a los Romeros
que inician el Camino.
EL ROCIO es... cien carretas - de madera, de oro, de plata, da
igual -, convertidas cada año en mujer, en templo y altar, que
cifran su vida y su felicidad en pasarse 360 días del año
soñando con poder cobijar y abrazar, durante una semana, el Simpecado
de la Blanca Paloma.
EL ROCIO es... un enjambre inmenso de hombres y mujeres que peregrinan
a la Ermita cumpliendo promesas; y unos bueyes, mansos y pacíficos,
que desbordan de alegría llevando a Vuestra Madre, al paso que
algún otro muere de pena porque un día lo condenaron a no
llevar ya más al Simpecado del Rocío.
EL ROCIO es... un fuego divino de Acampada en el que arden al mismo
tiempo, espiritualmente, los corazones peregrinos y, materialmente, los
troncos de leña que cada año y en cada Acampada, bailan
una inteligente y maravillosa danza del fuego en honor de Vuestra Madre
del Rocío.
EL ROCIO es... unos ríos de poca agua y mucha alma y un
humilde puente de madera que se llama El Ajolí y que sirve a los
Romeros para unir la tierra del Camino con el cielo de la Ermita»
EL ROCIO es... una multitudinaria Comunión de los hombres
con Vos en la Eucaristía y un parpadeante e inmenso abrazo de luz
a Vuestra Madre en el Rosario de la noche de Pentecostés.
EL ROCIO es... un torrente inmenso y tumultuoso de dones, gracias,
favores y milagros que durante todo el año, día a día,
se escapan de las fuentes de Vuestro amor a los hombres y llega a ellos
a través del corazón y de las manos de Vuestra Madre del
Rocío, que se tira a la calle en Pentecostés a buscar a
los que la necesitan.
EL ROCIO ES... ¡la paradoja de una aldea que en un abrir y cerrar
de ojos ha pasado del multitudinario resplandor de la euforia a la oscura
y amarga soledad del dolor, de la pena, del desgarro, del lamento y del
sollozo¡
El Rocío es...
Después de cuanto os he dicho en mis informes, ¿cómo podría
en una sola palabra deciros lo que es el Rocío? El Rocío
no se dice. El Rocío no se describe. El Rocío no se define.
El Rocío se intuye. Se siente. Se vive. Pero no se define.
¿Puede alguien decir lo que es la luz? Pues el Rocío es la luz.
La luz de Andalucía.
¿Puede alguien decir lo que es la armonía? Pues el Rocío
es la armonía. La armonía de los Hermanos devotos de
la Blanca Paloma.
¿Puede alguien explicar lo que es la belleza? Pues el Rocío
es la belleza. La belleza de nuestros mares y de nuestros ríos,
de nuestros montes y de nuestros valles, de nuestros trigales y de nuestros
olivares, de nuestros cielos y de nuestras tierras, fundidos todos en
una alfombra de amor, tejida, hilo a hilo, hora a hora, por los amantes
de Vuestra Madre, al caminar hacia la Ermita.
¿Puede alguien, en fin, decir lo que es el amor? Pues el Rocío
es el amor. El amor hecho corazón de madres que sufren, de
padres que sangran, de esposos que afanan, de esposas que recelan y lloran,
de hijos que peligran, de novios que sueñan, de amigos que se ayudan,
de Hermanos que se quieren. El Rocío es amor. Amor hecho corazón
de hombre, corazón de mujer, que, heridos por la vida, a punto
de romperse, de hacerse jirones, antes de estallar, acuden a los pies
de Vuestra Madre, la Blanca Paloma, para que Ella solucione lo que sólo
Vos y Ella podéis solucionar.
Soberano Señor: un día me enviasteis a la tierra para que
averiguara lo que es el Rocío.
Y al final, después de tanto informar, tengo que reconocer, Señor,
que tampoco yo sé decir en dos palabras qué es el Rocío.
Lo que sí os digo, Señor, y perdonadme, es que no me esperéis
ya allá arriba. No pienso volver. Me quedo aquí. En el Rocío.
Para vivirlo una y otra vez. Uno y otro año.
Porque EL ROCíO es una fusión genial de sentimientos
humanos. Es una síntesis espléndida de ilusión y
esperanza, de anhelo y posesión, de ansiedad y sosiego, de tristeza
y consuelo, de sufrimiento y gozo, de enfermedad y salud, de soledad y
compañía, de egoísmo y solidaridad, de abandono y
acogida, de soberbia y humildad, de caída y resurrección,
de pecado y perdón, de cansancio y descanso, de CAMINO y llegada.
EL ROCíO, Señor, es la vida misma, toda la vida humana
que peregrina, una vez cada año, a los pies de la Blanca Paloma,
para fundirse, purificada, en el abrazo blanco de las blancas paredes
de su Ermita.
Yo me quedo aquí, Señor, en la Ermita. Junto a Ella. En
el silencio y en la paz de todo el año. En el bullicio y el fervor
de muchos días. Me quedo aquí y junto a Ella.
Porque al final, sin querer, os he mentido, Señor. Yo sí
sé decir en una sola palabra qué es el Rocío.
Yo si sé resumir en una sola palabra lo que es el Rocío.
Porque todos, todos los que, como yo, han hecho el Rocío, todos
saben decir lo que es.
Y así, yo, Aléhí - Juyáh, os lo digo
también a Vos:
Soberano Señor: ¿Que qué es el Rocío? ¡Ay, Señor,
EL ROCIO es... ¡EL CIELO EN LA TIERRA!
Y en el cielo me quedo.
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